14 de diciembre de 2007

Madrugada


Insomnio. Letanía de contar las horas. Somos parecidos a la sombra de un sueño. El pelo, hirsuto, se enreda y explora las vueltas de la almohada. La cara, dormida, se expande reblandecida, tan tranquila, vestida. Abrimos y cerramos los párpados hinchados. Ruido de hierba seca, sábanas. Hace tiempo que están desiertas las calles, reverbera el eco de la respiración.

Sí, todo eso está muy bien, pero cuando uno no puedo dormir no admite razonamiento alguno porque pensar significa no poder dormir y así puede pasar la noche cuando, por curiosidad, miramos el reloj y vemos que ya son las cinco y como respuesta a nuestro lamento un gallo canta en alguna parte.

Por suerte esta insomnio de madrugada hoy sólo existe en esta oscuridad cerrada y nada más, pensando en que hay que dormir cuando valdrá la pena dormir, y soñar ya será el beso sublime.

27 de noviembre de 2007

Noche



¡Oh Furutone!
La noche en que canta el ganso
tiene sabor de sake.


Kobayashi Issa mira el río Furutone mientras bebe sake y escucha el canto del ganso sin verlo. Canto negro, río negro, blanco sake. Parece una evocación lejana como el siglo en que fue escrito este poema o el año en que Krzysztof Kieslowski grabó esa imagen en la Trilogía de los colores. Y sin embargo no existe más distancia que el pensamiento. ¿Qué es necesario para sentir? Tener sentidos y querer usarlos. Y tener a alguien que sienta los sentidos.

Cerrar los ojos no es dormir. Dormir no es soñar. Soñar no es inventar. El proceso de una cadena es reversible como su propia definición.

Pero claro, todo esto nos suena abstracto, negro como la noche cuando debería ser como las teclas negras de un piano que se acompañan con las blancas y nunca pudieron imaginarse por separado.

La mente resta en negro, esperando que alguien la llame y la encienda.

22 de noviembre de 2007

Crepúsculo



Las sombras causan un placer indefinido, como conjunción del día y de la noche. Las sombras menguan y engrandecen la figura y con ella el sentimiento que contiene la figura, la parte esencial del todo. Aquello que vemos será lo que queramos que sea, pues lo estamos adivinando, lo estamos recomponiendo, lo estamos recreando. No se sabe cuándo pero las sombras avanzan poco a poco y de repente están allí, el cielo velado, a la espera de que nosotros lo revelemos. A simple vista uno podría pensar que el día declina y que nosotros declinamos con él, cuando no es más que otro equívoco de la prisa de languidecer. En las sombras está la esperanza. Llenar el frío vacío de la duda, de la espera incompleta. Es el mejor motivo para reaccionar y encender la luz que surge en nuestro pensamiento, como el mismo brillo que despierta al ave fénix de las cenizas grises, ensombrecidas.

Hoy es siempre todavía, nos recuerda Machado. Que cada uno ligue luz, crepúsculo y oscuridad.

11 de noviembre de 2007

mañana/tarde



Bishop escribe el arte de perder, que no es tan difícil.
Po rahí seguro debe existir la poesía del arte de partir.
Puro movimiento atrapado en la misma dinámica del sentimiento puro de ir y venir.
Partir implica esos dos momentos.
Algo esta siendo dejado, cambiado, transformado.
Perder entonces es trandformar también.
genial como beckett en la partida
Visto siempre por la espalda donde quiera que fuera. Mismo sombrero y mismo abrigo que en la época de la errancia. Tierra adentro. Ahora como alguien en un sitio desconocido en busca de la salida. En las tinieblas. A ciegas en las tinieblas del día o de la noche de un sitio desconocido en busca de la salida. De una salida. Hacia la errancia de antaño. Tierra adentro.

lo demás es la práctica en el tiempo del ejercicio de los habitantes.
errantes.

2 de noviembre de 2007

Tarde




Su nombre no engaña. La tarde es el tiempo de las horas perdidas. Por la tarde siempre será tarde, siempre llegando en último lugar, en el último tren, el último de la fila. El otoño, el otro año.

Hay una bruma que nos impide ver lo que hay más adelante, sólo queda atrás el pasado, eso que damos por sabido hasta que es pensado. Pero no lo pensamos, nos importa más lo que viene después de la niebla.

Las ruedas giran, los días pasan y como no llega respuesta de ningún lugar construimos una casa que habitar. La casa que nos dé seguridad, las paredes que nos arropen del frío exterior, de ese frío desconocido que no sabemos de dónde viene. Nos creamos un dormitorio donde dormir, un comedor donde comer, una cocina donde cocinar y cuando todas las piezas están armadas respiramos satisfechos de haber acabado el puzzle. Para no temblar bajo el sol.

19 de octubre de 2007

Mediodía



Qué farsa de tiempo, ni preludio de la tarde ni epílogo de la mañana. El mediodía sólo es un invento para sentarse a la mesa y comer. Messogiorno, nel messo dil camin di nostra vita in questo mundo cieco. No es por la pasta, ésa es la relación evidente, la que muestra la luz del mediodía.

El mediodía sólo existe para la comida. Sino no existe, pasa como cruzar un puente con los ojos cerrados y mirando hacia atrás y seguimos adelante. Es entonces un buen motivo para reunirse y conversar. Si uno come solo no es una comida, es lo que llaman un tentempié y la comida tampoco existe, como el mediodía. Uno nunca debería comer solo. ¿Con quién compartiríamos? ¿A quién invitaríamos?

16 de octubre de 2007

Mañana



La luz filtrada por los hoyuelos de la persiana celebra a gritos su llegada, recorre la habitación y nos obliga a sonreír con los ojos entrecerrados o, al menos, a contraer la cara como si fuera una sonrisa.

La cama en desorden, una lucha olvidada; las sábanas son trapos, algas de tela imposibles de digerir. Nos rascamos indóciles y salvajes, nos levantamos tambaleantes. En la almohada descubrimos un pelo que no es nuestro, como una nota al partir.

Un teléfono o unas voces nos obligan a abrir la puerta de la habitación. El mundo exterior existe, menudo mundo que va creciendo, extendiéndose por todo lo que percibimos. Siempre la primera vez.

Hay prisa, las cosas giran a una velocidad superior a la de nuestros sentidos. Nos encerramos en el baño para intercalar una pausa. Aguas mayores y menores, nos lavamos la cara y al salir la fotografía del mundo adquiere más brillo.

Ya no hay margen para los olvidos.

Nos vestimos, nos peinamos, nos recomponemos de los bailes nocturnos.

Desayuno improvisado en la matemática cotidiana. Breves conversaciones.

Y nos reencontramos en las palabras.