4 de junio de 2009

El somiatruites

Un somiatruites es lo que con torpeza traducimos del catalán al castellano como visionario, por no dar la traducción literal de sueñatruchas o sueñatortillas, aunque éstas sean mucho más sugerentes y evocadoras que el simple 'visionario'. Así que para perdernos lo mínimo de esta canción soñadora-truchera-tortillera de Albert Pla (interpretada por Lídia Pujol y acompañada por Dolo Beltran y por el propio Albert Pla) vendrá una canción aproximadamente literal, oníricamente evocadora que nos permita soñar por la mañana, al salir de la cama y recibir la literal realidad:




Hay una escuela perdida
allá, en medio del Montseny,
donde sólo estudian los niños
donde sólo estudian los niños
que sueñan con tortillas (o truchas, pero hoy mejor tortillas)
Es la escuela de los sueñatortillas
es la escuela de los sueñatortillas
donde sólo estudian los niños
que sueñan con tortillas.
Allí está Joan que soñaba
que su cama tenía alas
y por la noche despegaba
y volaba y volaba y volaba
y Lídia que soñaba que su novio era un lobo
y se pasaba toda la noche
aullando bajo la luna llena
Y lo hacían así
au au au au au au au
au au au au au auuuuu
auuu au au au au auuuuuu
auuuu auuuuuu auuuuuu
auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu uuuuuuuuuuuuuuuu uuuuuuuuuuuuuuuuuu
Y Fina soñaba
que respiraba bajo el agua
y nunca se ahogaba
y se hacía unos pendientes con perlas marinas
Ah, y además era íntima amiga de los delfines, los tiburones y las gambas
Y Marta soñaba
que la tierra era cuadrada
y que se iba de vacaciones a otra galaaaxiaa
Y Fidel que soñaba
que le metía una pedrada al rey de Espaaañaaa
Y Gerard que soñaba
que era Gerard que soñaba
que era Gerard que soñaba
- sí, yo lo entiendo eh - sí - sí, yo lo entiendo -
Y Joana soñaba
que su padre nunca le pegaba
- ¿ah, no? - No - ¿Y de Roser sabes algo? - Sí - que su madre nunca la reñía - Ah, qué chulo
Y Cristina
se iba chin, chin a la China
y hablaba chino de la China chin chin chino chao chin
- ah, yo también, chun chao - ah, che nai tse - aaai
ai cho ni jai ni joi
dejosele nole nijole nipoile
ai dejole sole nipoi
ta gurusepai chin nichone coregatepoi
nochele tale nipoi (transcripción en catalán occidental)
GOOOOOOOOOOOOOOOOOONG
Y Albert
que soñaba y soñaba y soñaba
y cde tanto que soñaba, claro,
a la escuela nunca se presentaba
pero la maestra nunca le ponía una falta
y... siempre le aprobaba
¿Sabéis por qué? Es que...
Y es que Albert de estudiar de no estudiaba
pero de soñar...¡joder si soñaba!
Y la señorita que simpática que era
que cantaba en las noches de luna llena
así, como una gitanita
Espera que te enseño... Un, dos, tres y...
lailolololoai ole olelele
lailolololai oooooooolelele
lailo lailoo lailo lailooo
Y es que hasta el conserje soñaba
con escuelas
que pintaba así
sin rejas, sin clases
sin murallas ni tonterías de ésas
Sólo soñaba escuelas
donde hacían carreras
los sueños
de los niños y las niñas
Ah, y por cierto,
mientras tanto,
la Fina nadaba entre sirenas
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglugluglu glugluglu
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
glugluglu gluglu
¿Cantamos más? Es muy chulo el gluglu, mira
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
everybody yeah
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
Yeeeeeah yeeah
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
Enciende las luces, enciende las luces
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu
Glugluglu gluglu glugluuuuu
glugluglu gluglu glugluglu

Y la despedida, los agradecimientos. Y ya me voy a casa que ya tengo bastante.

22 de mayo de 2009

Los géneros

Entre muchas de las maneras de distinguir los géneros literarios hay una práctica y suficiente: la lectura. Cuando uno lee un libro enseguida percibe si se trata de poesía, ensayo, cuento, novela, teatro. No entra en las elucubraciones de si se trata de una biografía, una parábola o una prosa poética. Sencillamente uno lo lee y no necesita nada más. La lectura ya tiene sus normas.

La novela se lee cuando queremos pensar sin pensar, es decir cuando queremos tener la impresión de tener un libro a la altura de nuestros ojos y creemos que en cualquier momento puede surgir un imprevisto (nuestra parada de autobús, la llegada de la persona a la que esperábamos, un bostezo) y la lectura quede momentáneamente interrumpida.

Esto también puede ocurrir con los ensayos si no son muy sesudos, pero un ensayo requiere un mayor grado de concentración para codificar el mensaje abstracto y valorar si estamos de acuerdo o no, si no es que no nos ha dormido antes.

En cambio, uno no podría dormirse con una obra de teatro se vamos cambiando de parlamento a cada inspiración y expiración. Se recomienda leer teatro a media tarde, como si nos dilatara tanto diálogo y prolongara el día más allá del pensamiento.

El cuento es lo que es y si provoca sueño y aburrimiento será peor que cualquiera de los anteriores géneros. Más insoportable que una mosca cuando te brota el sudor y no tienes fuerzas ni para secarlo ni espantarla. Aquí no puede haber más trampa que la historia mínima, hay que terminar de una vez sí o sí y como te pierdas nunca lograrás encontrarte.

El poema es un insulto dejarlo a medias. Por largo que pudiera ser, quien no lo termine no está leyendo, está mariposeando por el texto. Y eso está muy feo, sobre todo por las pobres mariposas, que ni siquieran tienen el gusto de leer.

Vamos, que la velocidad y el momento de lectura condicionan que un texto pertenezca a un género y a otro. Excepciones y variaciones las habrá sin duda, pero son tan poco pertinentes como escribir un texto sobre géneros literarios en una noche de calor, con la ventana abierta y la música susurrando Can you help me? Pero es lo que tiene llenarse la mesita de noche de libros, que uno se emborracha de sueño y de palabras y tiene la boca seca y no tiene más sed que la de seguir leyendo para preguntarse qué es todo esto de la lectura y los géneros y qué pinto yo aquí si ahora podría dedicarme a otra cosa.

20 de mayo de 2009

Cambio de rumbo

Y ya no sé, otra vez ha sucedido, voló el avión y el día ha amanecido en otro lugar, que era el mismo del antes, del tiempo anterior. Y otra vez vuelta a aterrizar y vuelta a empezar, el aire del pasado antes del pasado donde el día, cuando es pleno, apenas empieza en el otro lugar, y cuando allí es pleno aquí está por acabar. Repeticiones de lo mismo de lo mismo de lo mismo. Más de lo mismo, menos de lo mismo, el cuento de nunca acabar con la palabra acabar o la palabra volver, la re-vuelta cuyo porvenir apenas se atisba y hay que buscar en las palabras de otros lo que falta en las nuestras.

"¿Es apostar al porvenir de una utopía plantear el pensamiento como re-vuelta permanente y como equivalente a la vida del pensamiento? Freud diagnosticó "el porvenir de la ilusión", y la modernidad lo confirma a través de las aspiraciones de seguridad en las creencias y en la embestida técnica hacia el progreso. Estoy convencida, la única opción posible es el porvenir de la re-vuelta."

Julia Kristeva tenía esperanzas. De su intimismo extraía la clave para una generalizada modernidad. Quizás esto pueda revertirse y verse como el personal cambio de rumbo en un futuro que de alguna manera va tejiendo sus encuentros.

3 de mayo de 2009

Por Bridget, porque la queremos tal como es

Por la tele, justo después de comer, dan una vez más El diario de Bridget Jones, una de las películas que más ha denigrado a las mujeres. ¿Hay algo más deprimente que ver a una chica que pretende ser lo que no es y quiere vivir una vida soñada mientras se olvida de sus virtudes? Y siendo un domingo por la tarde, es para quedarse comiendo en el sofá, suspirando por el amor perdido. Es decir, que como buena verborrea de domingo uno piensa esto para que el domingo no sea así, quizás como desahogo o como una queja tan tópica como el propio estereotipo observado. La cuestión es que, para no perderse en estas vueltas sin más, no deja de ser curioso cómo tienen éxito ese tipo de películas o series como Sex and the city, que pasan por lo que piensan las mujeres. Y parece que lo consiguen, porque por algo tienen éxito o será que como no existe otro tipo de películas y de series que se fijen en el pensamiento de las mujeres, éstas deben tomar el único referente del que disponen. Por suerte, una mujer no se pasa el día pensando en el amor perfecto ni en ser sexualmente satisfecha. Es decir, no sólo piensa en eso. Sería simplificar demasiado su pensamiento y algo totalmente injusto con sus posibilidades de abstracción y de concreción, como reducir su objetivo sólo a la procreación.

Fin del discurso. Otro día será otro día será otro día.

30 de abril de 2009

El fin del mundo



No hay duda, hemos llegado al fin del mundo. Todos los síntomas lo evidencian y así lo proclaman los diversos medios informativos, con la necesaria alarma que es necesaria en estos casos:

El Gobierno congela el recibo de la luz a cinco millones de hogares hasta 2012

España aporta ya dos de cada tres parados de la eurozona en un año

Caen vacas de punta

Los casos sospechos de gripe porcina en España superan el centenar

Tenía sexo con una camioneta

Gripe porcina: subieron a nueve los casos bajo sospecha en el país

Pémex reporta pérdidas de 26 mil 997 mdp

Grippe porcine: la France passe au niveu 5 d'alerte

Epidemia de dengue en Argentina


Ante tales muestras de pánico no queda otra que claudicar y admitir que hasta aquí llegamos. ¿Y ahora qué? Pues quién sabe, habrá que esperar sentado qué pasa mañana si hoy es el fin del mundo, a ver cuál es el nuevo mal que viene. ¿Superará el de ayer? Es complicado, cada día es un nuevo reto, pero no hay que perder la esperanza, siempre estamos a tiempo para eso.

15 de abril de 2009

Lo propio y lo ajeno

Lo que más me cuesta es lo que menos vale. Si me demoro es señal de que no estoy en esas cosas y menos aún lo estoy si me entretengo con cualquier excusa. Suelo empezar sin plan; el primer trazo acarrea el segundo.

Esto viene a ser una adaptación de las palabras de Montaigne referidas a las cartas. Pero las buenas palabras, las que tienen que decirse, se quedan a vivir con nosotros y nos acompañan cuando las necesitamos, si es que recordamos cómo convocarlas.

La suerte de no saber qué decir es que hay otros que sí lo han sabido y podemos recurrir a ellos cuando el pensamiento se vuelve perezoso. No hay motivo para que se ofendan; al contrario, es un halago que piensen en uno como el apoyo necesario. Por eso, en un momento como éste, es preferible acordarse de quien te hace bien con tanta facilidad:




Entonces deviene un nuevo despertar. La mañana se aclara como si pasaran las nubes, pues la pared de la izquierda tiene otra pared que, como los erizos de Cernuda, sintió frío y quiso compartirlo y que las alegrías y las penas del amor no desaparezcan para ser recuerdo de un olvido. Y como no hay sombra sin la proyección del sol, nuestro bosque de palomas disecadas debe ser mojado por la música de la mañana. En Buenos Aires hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos, hay gatos en las camas tibias, hay ratones en el horizonte, hay sombras cruzando los puentes, hay lascivias bajo los puentes, hay desorden de miradas desordenadas y un te quiero susurrado entre dientes.

8 de abril de 2009

La vida mandala (a...)

Ahora resulta que van a publicar las cartas que Julio Cortázar escribió a Carol Dunlop y ambos a su traductora al serbio Silvia Monrós-Stojakovic, y diarios como El País y Público lo celebran como un acontecimiento editorial. Ante esto es para pensar que estará bien visto expoliar a los muertos y más si son de prestigio, pues no podrán replicar ni conmoverse tanto si se les beneficia o se les perjudica. En el caso de Cortázar parece que están de moda ciertas actitudes contrarias frente a su vida y a su obra. A su vida se la ensalza, se le da un valor entrañable y por eso, para que el efecto sea completo, hay que documentar desde su primer hasta su último suspiro, qué calles pisó, dónde se alojó, dónde estudió, dónde dio clases, cómo es él, en qué lugar se enamoró, a qué dedica el tiempo libre. Como un intento (vano, por supuesto) de ponerse en su piel (esa metonimia tan obscena) y sentir lo mismo que sintió él, ya que fue un ser humano excepcional y así deberían serlo todos, al menos en su actitud frente a la vida, frente a la realidad, frente al mundo devorador de su propio ombligo. Así, se han publicado las biografías parciales o totales de Mario Goloboff, Miguel Herráez, Cristina Peri Rossi, Eduardo Montes-Bradley, Jaime Correas.

En cuanto a su obra, no deja de sorprender que pase lo contrario: no son pocos los críticos que lo denigran con un cinismo y una arbitrariedad que asusta, incluso cuando en esa misma crítica poco antes o poco después digan lo contrario y lo alaben hasta el cansancio. Sin entrar en detalles (no vale la pena darle más bolilla), tal es el caso de Claudio Martyniuk, de Estela Cédola y de César Aira. Como si dijéramos: "sí, es bueno, pero no es para tanto". O: "no lo soporto pero me encanta". O vete a saber qué, si es que esto tiene una explicación, si es que hay que explicarlo todo.

Hacemos una pausa para dar de comer a la gata (algo que le importaría más a Cortázar que todo esto) y volvemos.

Listo, ya hemos vuelto. Es lo que tiene la palabra escrita, que trata el tiempo como le da la gana. Sigamos, pues. ¿De qué iba todo esto? Ah, sí, de la publicación de las últimas cartas que escribieron Julio el Lobo y Carol la Osita. ¿Por qué, para qué leerlas? ¿Para saber cómo se sentían en los últimos años de sus vidas? ¿Para descubrir textos inéditos? Hay algo de mórbido en esta operación, algo que se alimenta de la mala curiosidad, no la de la gata, otra curiosidad, la curiosidad viciosa de, pongamos, un periodista que prefiere tomar la foto de un moribundo antes de ayudarlo. Cortázar (o, quien lo prefiera, Julio) publicó lo que tenía que decir y si la recuperación de un texto literario desechado podría aceptarse suponiendo un cambio de opinión del autor (que, por lo que sea, decida por fin publicarlo) en estas cartas no habrá más que dolor. El mismo dolor del Post-scriptum de Los autonautas de la cosmopista, que sí valía la pena ser publicado y leído y llorado.

Lector, tal vez ya lo sabes: Julio, el Lobo, termina y ordena solo este libro que fue vivido y escrito por la Osita y por él como un pianista toca una sonata, las manos unidas en una sola búsqueda de ritmo y melodía.
Apenas terminada la expedición, volvimos a nuestra vida militante y partimos una vez más a Nicaragua donde había y hay tanto para hacer. Carol reanudó allí su trabajo de fotógrafa mientras yo escribía artículos para mostrar en todos los horizontes posibles la verdad y la grandeza de la lucha de ese pequeño pueblo que infatigablemente continúa su viaje hacia la dignidad y la libertad. También allí encontramos felicidad, ya no solos en los paraderos del París-Marsella sino en el contacto diario con mujeres, hombres y niños que miraban como nosotros hacia delante. Allí la Osita empezó a declinar víctima de un mal que creíamos pasajero porque en ella la voluntad de la vida era más fuerte que todos los pronósticos, y yo compartía su coraje como siempre compartí su luz, su sonrisa, su enamorada vivencia del sol, del mar y de la esperanza en un futuro más hermoso. Volvimos a París llenos de planes: terminar el libro, dar sus derechos de autor al pueblo nicaragüense, vivir, vivir todavía más intensamente. Siguieron dos meses que nuestros amigos llenaron de cariño, dos meses en que rodeamos a la Osita de ternura y en que ella nos dio cada día ese valor que nos iba abandonando. La vi emprender su viaje solitario, donde yo no podía ya acompañarla, y el 2 de noviembre se me fue de entre las manos como un hilito de agua, sin aceptar que los demonios dijeran la última palabra, ella que tanto los había desafiado y combatido en estas páginas.
A ella le debo, como le debo lo mejor de mis últimos años, terminar solo este relato. Bien sé, Osita, que habrías hecho lo mismo si me hubiera tocado precederte en la partida, y que tu mano escribe, junto con la mía, estas últimas palabras en las que el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida que me enseñaste a vivir como acaso hemos llegado a mostrarlo en esta aventura que toca aquí a su término pero que sigue, sigue en nuestro dragón, sigue para siempre en nuestra autopista.