30 de julio de 2009

Durante el breve tiempo que te robe su lectura

Corro el riesgo de que al escribir algo se pierda o que todos los lectores lo ignoren. Pero le daré una excepción al olvido. Si todo esto no me importara no le daría ni una palabra. No engaño. Que jueguen la memoria y el olvido, que gane el mejor. De todos modos tengo que apostar y ya lo he hecho, aunque me arruine y me consuma y pierda todo mi tiempo.

27 de julio de 2009

Inventario de lluvia

Un vaso de agua
dos canciones
tres bocetos
cuatro paredes
un refugio
un cristal

un poema de Prévert

una docena de encuentros
un bostezo
una primera vez
seis dobles nacimientos
una sombra iluminada
un saludo

otro poema de Prévert

un placer
las olas en el aire
dos deseos imantados
un amargo
un sueño dócil
una verdad desfigurada
un exilio en la propia tierra
una calma seca
un silencio

Y unos poemas de Prévert

25 de julio de 2009

El pequeño vals

Cuando la llave no coincide con la cerradura no puede cerrarse la puerta. Aunque haya sido creada y moldeada con ese fin, tras fatigosas transformaciones. La llave puede encajar e incluso girar, pero la puerta sigue quedando indefectiblemente abierta. Porque el calado de la llave será profunda hojalata sin fe ni olvido. Porque siempre habrá un fragmento de la mañana para bailar el vals, este vals, este vals, este vals con la boca cerrada y cuatro espejos donde jugarán tu boca y los ecos.

23 de julio de 2009

Dolor

Uno no sabe cuánto dolor puede soportar un culpable. Lo acepta como consecuencia de su crimen o de su error y así va acumulando una culpa intensiva y extensiva que va aumentando hasta que el castigador puede sentirse también culpable, y entonces no queda más que el dolor. Que se apodera de todo. Que no entiende de motivos. Que castiga sin remordimientos.

28 de junio de 2009

Muertes paralelas

Con la diferencia de apenas una semana en este tiempo ha habido dos muertes que me han afectado como hacía mucho tiempo no sentía una muerte. Se trata de Vicente Ferrer y de Michael Jackson.

No supe de Vicente Ferrer hasta apenas un año atrás, quizás dos. Recuerdo que una presentadora de televisión pidió ayuda para su fundación y lo hizo con los ojos llorosos. Su emoción era verdadera y eso es algo cada vez más extraño ver en la televisión, donde cada está estipulada cada respiración por el rating, el marketing y el zapping. He olvidado el nombre de la presentadora, el programa y la fecha en que lo vi. Pero era tan inusitada esa reacción que sólo podía referirse a una persona extraordinaria.

Vicente Ferrer murió los 89 años. Dedicó gran parte de su vida a ayudar a los más pobres. Sólo pidió ayuda para ese fin. No quería ser famoso, dijo que la fama es lo peor que le podía pasar a alguien. Pero cualquier palabra está de más. Basta con poner como ejemplo este vídeo, donde se cuenta quién fue y qué hizo. Aunque el mejor ejemplo es el suyo propio, pues es lo más parecido a un ángel que podamos conocer. Si en el mundo no existiera la bondad, si no hubiera nadie que pudiera manifestar esta bondad el mundo, sin más, no existiría. Él mismo lo decir de una manera insuperable en este vídeo: "Si no existiera la compasión y la solidaridad en este mundo, entonces la humanidad no tendría el derecho a la existencia".





A Michael Jackson lo conozco desde que tengo uso de razón. Puedo decir que lo conozco porque crecí escuchando el Thriller y el Bad. Fue el músico que más veces escuché en los '80 y gran parte de los '90. Las primeras cintas de cassette que compré (que me compraron) las usé para grabarlo. Luego vinieron los conciertos de ojos llorosos, de fans histéricos, desmayándose con sólo verlo. Él colmó todas las televisiones, todas las portadas de los diarios antes y ahora. No era sólo cuestión de vender una estrella, como bien supieron (y de nuevo saben) aprovecharse las discográficas. Es que me resulta imaginar mi infancia y mi adolescencia sin Michal Jackson. Sin la primera máquina recreativa a la que jugué, Moonwalker, en la que disparabas rayos y te transformabas en robot al ritmo de Smooth Criminal o de Beat It; y reservaba escrupulosamente una moneda de cien pesetas para usarla en esa máquina. Ni tampoco podría imaginarme las carpetas forrads con su silueta, en las más diversas posturas. Ni las horas viendo Thriller, asustándome, impresionándome ante un vídeo como ése, o el Bad, que miraba a cámara lenta y marcha atrás para percibir con detalle cada paso de baile.

Michael Jackson murió a los 50 años. Dedicó gran parte de su vida a hacer felices a los demás con sus canciones entusiastas e irrepetibles. Era famoso casi desde que aprendió a hablar y adonde fuera reunía multitudes enfervorizadas por la posibilidad de su presencia. Luego vino lo que llamaron el escándolo de ser acusado de pederasta, aunque era imposible admitirlo, pues él tenía otra concepción del mundo, ajena a lo que se entiende habitualmente. Él entendía que a los niños les falta cariño y es lo que quiso darles. Si no lo hizo de la mejor manera nadie puede culparle porque nadie puede dudar de su cariño, al margen de lo legal o lo moral. Fue un persona extraordinaria y si no hubiera nadie que pudiera expresar lo que hizo él con la música qué existencia tendríamos.

Estas dos vidas parecen contrarias. Y sin embargo se pueden aunar. En este texto. En esta canción:

12 de junio de 2009

Moscas

Ahora resulta que el espacio donde hoy se mueven los habitantes ha cambiado tanto que se ha llenado de calor, y como no resulta muy cómodo llevar la piel emparrillada abren las ventanas para que el aire de la habitación se hermane con el del exterior. Ese gesto lo celebran las moscas, pues ellas no desean más que invadir los espacios prohibidos y hacer todo lo que se supone que no se debería hacer. La alegría de la mosca es inconmensurable al fertilizar de zumbidos el aire cúbico de la habitación. Hay muchos objetos donde posarse y muchos relieves cuya dimensión secreta habrá que recorrer con todas las patas. Lástima que no todos opinen lo mismo y así un ser inanimado, de formidables dimensiones y prodigiosa velocidad, las persigue y como un latigazo cae sobre ellas una y otra vez. Pero, como es bien sabido, es imposible acabar con ellas, pues en realidad son pequeños diablillos negros que reviven en cuanto han caído, y si por casualidad no parecen levantarse pronto vendrán con otro cuerpo y otra sonrisa zumbadora a bailar alrededor de su verdugo. Ni siquiera las inquieta la araña Mafalda, que cada año las espera en la ventana, oteando el horizonte.

No todos son tan beneficiados por el calor. Los habitantes por momentos se vuelven pesados y espesos y por eso se ven obligados a mantener la boca cerrada y a no malgastar sudor tras las moscas, que vuelan con más fervor, excitadas por ese olor seductor. De modo que por si las moscas mejor damos por terminado el acto oficial de bienvenida al verano y nos vamos con el punto final, minúsculo y negro, que ya llegó, que ya se asoma, que aquí está.

9 de junio de 2009

Schibboleth

Como si aquél mismo que invita o recibe, como si el habitante residiese siempre, él mismo, en casa del habitante, ese huésped al que cree dar hospitalidad cuando, en verdad, él es quien empieza por recibirla de éste. Como si, en verdad, fuese recibido por aquél que él cree recibir.


Esta reflexión de Jacques Derrida viene que ni pintada para agradecer a los pocos que se acercan a este lugar semianónimo, que a veces es un cactus en el desierto y otras un bosque tupido, e incluso se atreven a regalar su tiempo al que escribió esto, como él mismo hizo una vez bajo un discreto anuncio de "Regalo tiempo" y que pocos entendieron porque quién regala el tiempo si es inasible y si además es gratis. Y lo gratis no se regala, cómo no.

A veces, de todos modos, el silencio, que pesa como el verano, tiene que recorrerse hasta el fin del camino y abrirse en una ventana y echar a volar batiendo sus hojas hasta ser árbol y llegar hasta las raíces cuadradas que de moverse se han hecho ruedas y se [interrupciónporfuerzamayor]