3 de octubre de 2010
"De Rayuela, capítulo siete"
Bastan esas palabras para que, al instante, se reproduzca en mi mente: "Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, como si por primera vez tu boca se entreabriera", y así seguir hasta que "te siento temblar contra mí como una luna en el agua" con la misma naturalidad que unimos dos azares.
Primero el capítulo 7 de Rayuela, luego la introducción de una lectura de los cronopios para volver a Rayuela. Antes que otros discos elegí el de Gotan Project al leer que el segundo corte se titula como la novela de Cortázar. También "pienso que, realmente, no hay casualidades", como Silvia Monrós-Stojakovic en su correspondencia con los Cronopios que tengo en mi mesita de noche. Esto, más que una alusión al azar, es una constante certeza. Lo raro sería lo contrario, que dejara de buscar, que sucumbiera a lo cotidiano y me desgastara su fealdad, como la tele gasta la vista y acorta la vida de los sentimientos, y quedarnos sin fuego mientras afuera suenan tambores como trenes galopando.
Para llegar al peligro de la satisfacción hay que arriesgarse, no con el riesgo de tomar café y helado, sino al verdadero salto a la realidad. ¿Hasta cuándo vamos a esperar? Godot no vendrá, no se llevó las llaves. Vayamos a buscarlo, no sea que el agua se le enfríe o se nos acabe la yerba. Y sí, hoy es el día en que comienza nuestro retorno prometido al Cielo para los dos.
26 de septiembre de 2010
Soneto en prosa
En dirección al futuro, el pensamiento es un enjambre que no se detiene aunque tenga que zigzaguear en el aire, sorteando las dudas surgidas del miedo. El futuro es la promesa de revelar el secreto de nuestra existencia. Tenemos que prepararnos para cuando la bruma se ablande y no resistirnos a cumplir nuestras aspiraciones.
Es sobre el pasado cómo uno se hace concreto. Sin embargo el pasado cada vez se emborrona más, se adormece en su consabida inmovilidad. El pasado es el bostezo de contemplar una vela mientras se derrite. Nos pertenece el por qué y el cuándo de las sombras y de las arenas. Nada de lo que llegó ya nos resulta extraño.
Pero debemos desconfiar del azar, no siempre se pone de nuestra parte y sólo nos conduce a no saber nada. Debemos conocer nuestra mano como sabemos qué contiene un puño cerrado. Las posibilidades están ligadas, anudadas, empuñadas.
Y aunque el dolor a veces tenga la razón sólo puede ser intruso quien no anunció su invitación. Uno sabe de qué historias se hablan. Pues el futuro contó los pasos del pasado, le sigue hasta el borde de la huella, como el recipiente que contiene todas las palabras.
Es sobre el pasado cómo uno se hace concreto. Sin embargo el pasado cada vez se emborrona más, se adormece en su consabida inmovilidad. El pasado es el bostezo de contemplar una vela mientras se derrite. Nos pertenece el por qué y el cuándo de las sombras y de las arenas. Nada de lo que llegó ya nos resulta extraño.
Pero debemos desconfiar del azar, no siempre se pone de nuestra parte y sólo nos conduce a no saber nada. Debemos conocer nuestra mano como sabemos qué contiene un puño cerrado. Las posibilidades están ligadas, anudadas, empuñadas.
Y aunque el dolor a veces tenga la razón sólo puede ser intruso quien no anunció su invitación. Uno sabe de qué historias se hablan. Pues el futuro contó los pasos del pasado, le sigue hasta el borde de la huella, como el recipiente que contiene todas las palabras.
18 de septiembre de 2010
Lluvia tras lluvia
Lluvia en Buenos Aires.
Lluvia en Madrid.
Lluvia en Barcelona.
Los viajes de vuelta son tan breves, tan intrascendentes. No importa cuánto tarde el avión o el tren. Es una vuelta que no deseas. Sólo sabes que vas avanzando hacia lo conocido, que es lo de siempre. Y no quieres esa calma, porque en esa calma no pasa nada. Tienes sueño, te mueves por los pasillos como un autómata que no puede resolver la partida jugada. Obedeces todas las órdenes edulcoradas de forzada amabilidad, te dejas conducir por los carteles, no te preguntas si son contradictorios o no. Y entonces acaba la vuelta, porque sabías dónde acabaría, porque vuelves a estar entre vuelta y vuelta. Y no puedes dar marcha atrás.
Lluvia en Madrid.
Lluvia en Barcelona.
Los viajes de vuelta son tan breves, tan intrascendentes. No importa cuánto tarde el avión o el tren. Es una vuelta que no deseas. Sólo sabes que vas avanzando hacia lo conocido, que es lo de siempre. Y no quieres esa calma, porque en esa calma no pasa nada. Tienes sueño, te mueves por los pasillos como un autómata que no puede resolver la partida jugada. Obedeces todas las órdenes edulcoradas de forzada amabilidad, te dejas conducir por los carteles, no te preguntas si son contradictorios o no. Y entonces acaba la vuelta, porque sabías dónde acabaría, porque vuelves a estar entre vuelta y vuelta. Y no puedes dar marcha atrás.
3 de septiembre de 2010
Las literaturas nacionales en la encrucijada global
Conferencia de Josefina Ludmer y de Dardo Scavino en el MALBA. ¡Felicidad!
Bueno, no tanta cuando para llegar hay que combatir una lluvia de varios días y el colectivo me deja a diez minutos (que son más de quince por gentileza de la orientación). Pero llego justo a tiempo, la puntualidad argentina ya es proverbial y en el momento de entrar en la sala oigo cómo la moderadora presenta a los invitados a la conferencia, que más bien es una charla. Saco un papel y tomo unas notas:
El nombre 'América latina' nace con intención política en 1857 por un artículo del chileno Francisco Bilbao, a propósito de la invasión de Nicaragua por parte de Estados Unidos. Es un claro posicionamiento frente a la denominación 'América sajona', la perteneciente al país invasor.
La palabra 'revolución' no aparece en los actos conmemorativos del Bicentenario cuando precisamente celebran la independencia de Argentina (y de otros países que no participan en los festejos, dándose todos de manera aislada, a nivel nacional).
Se percibe mejor lo latinoamericano desde el exterior porque los europeos no aceptan como iguales a los argentinos y a los de otros países de América latina.
Muy interesante. De acuerdo. Salvo que añado una apreciación a la última nota: los latinoamericanos tampoco aceptan como iguales a los europeos. Ya puedo pasar años en el país que aún se me supone el gashego gritón con aire de boludo que habrá venido a gastar euros en cualquier cosa más anodina que excepcional. El origen es un rastro de piedras como migas de pan que nos delata y nos persigue. No hay manera de que nos libremos de su peso por mucho que liberemos poco a poco.
Acabada la conferencia me acerqué a Josefina Ludmer. Enhorabuena, me encantó, se me hizo muy corta, me parecieron muy cercanas muchas ideas porque también las estudio bla bli blu.
Una sonrisa como respuesta.
Un saludo a alguien que también esperaba. Qué tal, cómo andás. Etcétera.
Una espalda muy hermosa. Vieja chota.
Me fijé en el entorno y percibí un ambiente de falsa camaradería en que todos se conocen y todos se saludan porque forman parte del mismo gueto. Había algo nauseabundo en el falso interés por los otros miembros del grupo, así como en el cierto desinterés por los que no formaban parte de él. De modo que arreglé mi chaqueta y, sin más dilaciones, salí del Malba con paso tranquilo. Qué asco de conferencia, pensé. En cuanto me lea el libro lo regalo.
Bueno, no tanta cuando para llegar hay que combatir una lluvia de varios días y el colectivo me deja a diez minutos (que son más de quince por gentileza de la orientación). Pero llego justo a tiempo, la puntualidad argentina ya es proverbial y en el momento de entrar en la sala oigo cómo la moderadora presenta a los invitados a la conferencia, que más bien es una charla. Saco un papel y tomo unas notas:
El nombre 'América latina' nace con intención política en 1857 por un artículo del chileno Francisco Bilbao, a propósito de la invasión de Nicaragua por parte de Estados Unidos. Es un claro posicionamiento frente a la denominación 'América sajona', la perteneciente al país invasor.
La palabra 'revolución' no aparece en los actos conmemorativos del Bicentenario cuando precisamente celebran la independencia de Argentina (y de otros países que no participan en los festejos, dándose todos de manera aislada, a nivel nacional).
Se percibe mejor lo latinoamericano desde el exterior porque los europeos no aceptan como iguales a los argentinos y a los de otros países de América latina.
Muy interesante. De acuerdo. Salvo que añado una apreciación a la última nota: los latinoamericanos tampoco aceptan como iguales a los europeos. Ya puedo pasar años en el país que aún se me supone el gashego gritón con aire de boludo que habrá venido a gastar euros en cualquier cosa más anodina que excepcional. El origen es un rastro de piedras como migas de pan que nos delata y nos persigue. No hay manera de que nos libremos de su peso por mucho que liberemos poco a poco.
Acabada la conferencia me acerqué a Josefina Ludmer. Enhorabuena, me encantó, se me hizo muy corta, me parecieron muy cercanas muchas ideas porque también las estudio bla bli blu.
Una sonrisa como respuesta.
Un saludo a alguien que también esperaba. Qué tal, cómo andás. Etcétera.
Una espalda muy hermosa. Vieja chota.
Me fijé en el entorno y percibí un ambiente de falsa camaradería en que todos se conocen y todos se saludan porque forman parte del mismo gueto. Había algo nauseabundo en el falso interés por los otros miembros del grupo, así como en el cierto desinterés por los que no formaban parte de él. De modo que arreglé mi chaqueta y, sin más dilaciones, salí del Malba con paso tranquilo. Qué asco de conferencia, pensé. En cuanto me lea el libro lo regalo.
14 de agosto de 2010
La calle nuestra de cada día
Cómo será que entre uno y el mundo se alcanza algo así como una doble articulación ontológica, es decir que uno lee el periódico y surge lo de todos los días, nada especial, Ricardo Fort asegura que lo "quieren destruir" porque en esto estamos mientras De Narváez admite conversaciones con Cobos, pero también le hace un guiño a Reutemann, como si los nombres con que nos rodean ocultasen una verdad trascendente aunque ya no es ni metafísica cuando Cañizares propone adelantar la edad de la Primera Comunión, como pidió ya Pío X y que, aún así, algunos cráneos privilegiados celebran por todo lo alto, como luz divina, lo que nadie más ha visto y que por eso piensan darnos la revelación, pues Para Duhalde, faltan "cárceles" y "hay que hacer prevención", y además Aguer denunció un "plan progresivo para inducir una mentalidad abortista" aunque nadie se olvida de que Nalbandian debutará ante Ljubicic y hasta habrá lugar para acordarse de que Venecia ya tiene su primera gondolera en 900 años.
¿Y entre tanta retahíla de nombres dónde estamos nosotros?
¿Hay lugar para la novedad - para la noticia - en este eterno retorno?
Y sin embargo hay algo de aterrador y de estúpido conmoverse ante la noticia de que alguien se mató jugando a la ruleta rusa porque haya ocurrido justo enfrente de nuestra casa. Aunque no lo hayamos conocido. Pero reconocemos el lugar en las fotos, en los vídeos. Atónitos frente a lo previsible, expectantes a quien podría cruzarse de fondo o a que la cámara gire en su órbita y encare, como en un espejo, nuestra propia fachada (por suerte no a nosotros mismos, que no nos alcanza lo mórbido). Entonces lo familiar resulta extraño, como si al aplicarle la lente para verlo más de cerca lo estuviésemos alejando; y expresamos un lamento contenido, por lo bajo. Pensamos qué desgracia, pensamos qué absurdo, pensamos qué tarado; salvamos y condenamos al castigado, como si dependiera de nosotros, y antes de ponernos (pero ya es tarde) melodramáticos y retóricos rompemos el sermón, pues no tardan en volver a llamarnos y todo parece seguir igual, embrutecidos por la propia nada de la que sólo se salvará por capricho, casualidad o coincidencia. A fin de cuentas, a Borges ya le pareció que todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.
¿Y entre tanta retahíla de nombres dónde estamos nosotros?
¿Hay lugar para la novedad - para la noticia - en este eterno retorno?
Y sin embargo hay algo de aterrador y de estúpido conmoverse ante la noticia de que alguien se mató jugando a la ruleta rusa porque haya ocurrido justo enfrente de nuestra casa. Aunque no lo hayamos conocido. Pero reconocemos el lugar en las fotos, en los vídeos. Atónitos frente a lo previsible, expectantes a quien podría cruzarse de fondo o a que la cámara gire en su órbita y encare, como en un espejo, nuestra propia fachada (por suerte no a nosotros mismos, que no nos alcanza lo mórbido). Entonces lo familiar resulta extraño, como si al aplicarle la lente para verlo más de cerca lo estuviésemos alejando; y expresamos un lamento contenido, por lo bajo. Pensamos qué desgracia, pensamos qué absurdo, pensamos qué tarado; salvamos y condenamos al castigado, como si dependiera de nosotros, y antes de ponernos (pero ya es tarde) melodramáticos y retóricos rompemos el sermón, pues no tardan en volver a llamarnos y todo parece seguir igual, embrutecidos por la propia nada de la que sólo se salvará por capricho, casualidad o coincidencia. A fin de cuentas, a Borges ya le pareció que todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.
12 de agosto de 2010
Un cadáver exquisitamente nocturno y musical
Lentamente la música comenzaba a desprender
suaves intermitencias que yo no vi pero
tú. Contigo. Conmigo. Siempre igual que
la música no cesa aunque se empeñen
las rocas perfectas, definidas encontraste
con un cielo suspirado. Es decir que las ausencias
nunca son reales, se evaporan al mirarlas por
primera vez, o no sé, quizás también de vez en
cuando esa roca y ese cielo azul se conocieron
y encontraron a la velocidad de la intriga,
que nadie sabe porque cómo sigue pero
pronto se hará de noche, si es que
las horas nunca fueron iguales, para siempre
detenidas en el tiempo, a su manera
la clase de persona que la noche quiso ser.
suaves intermitencias que yo no vi pero
tú. Contigo. Conmigo. Siempre igual que
la música no cesa aunque se empeñen
las rocas perfectas, definidas encontraste
con un cielo suspirado. Es decir que las ausencias
nunca son reales, se evaporan al mirarlas por
primera vez, o no sé, quizás también de vez en
cuando esa roca y ese cielo azul se conocieron
y encontraron a la velocidad de la intriga,
que nadie sabe porque cómo sigue pero
pronto se hará de noche, si es que
las horas nunca fueron iguales, para siempre
detenidas en el tiempo, a su manera
la clase de persona que la noche quiso ser.
2 de agosto de 2010
Placeres
La primera mirada por la ventana al levantarse,
el reencuentro con el viejo libro,
el nuevo capítulo de la serie que sigues,
el periódico,
los diálogos,
la gata mirando fijamente en posición de estatua,
la primera canción del día,
el mate y las medialunas,
los viajes urbanos,
los saludos casuales,
una cerveza sin tiempo,
comprender sin hablar,
comprender hablando,
escribir,
caminar,
ser amable;
reconocerse en un poema de Brecht
en un mal día
y que entonces todo esté bien.
el reencuentro con el viejo libro,
el nuevo capítulo de la serie que sigues,
el periódico,
los diálogos,
la gata mirando fijamente en posición de estatua,
la primera canción del día,
el mate y las medialunas,
los viajes urbanos,
los saludos casuales,
una cerveza sin tiempo,
comprender sin hablar,
comprender hablando,
escribir,
caminar,
ser amable;
reconocerse en un poema de Brecht
en un mal día
y que entonces todo esté bien.
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