30 de abril de 2013

Hay más luz

El alba de la mañana.
El alba que nos sigue.
El alma mater.
Hay más luz más luz
en esta mañana.
Tocas el vientre,
filtras la arena,
atas las venas,
vuelves sobre ti,
aquí nosotros,
y más luz
y más luz
y más luz.

13 de abril de 2013

The Cure

La dificultad de expresar una sensación es casi tan inasible como la dificultad de entenderla. Casi. Casi tanto. Pues lo que no alcanzan las expresiones sí puede hacerlo el aura del tema que tratan, la sensación de referirse a una sensación.

¿Cómo podría expresarse, entonces, la sensación de escuchar en vivo la música que tantas veces escuchamos durante años, décadas, durante un tiempo imposible de medir con el tiempo de la vida?

Basta con el preludio, con el tenue campanilleo de Plainsong. Pero llegan las primeras notas y es hundirse en uno mismo desde uno mismo. Y destruirse en el choque. Y de repente todo es nuevo y es todo conocido, y no hay más temor que el temblor. Es tan frío que sólo admite el calor. Y sólo admite un después de la memoria. Sigue Pictures of you, perdido en el frío, recordarte llorando por la muerte de tu corazón, buscando las palabras adecuadas para que las imágenes sean de ti. Pero sigue la oscuridad, y aquí llega Lullaby, buscando a la víctima que tirita en la cama, cerrando tus ojos, mis ojos devorados, cayendo en el desorden de la calle. Y vino Fascination Street, cortó la conversación, vino después, desataron los recuerdos, rompieron las cuentas, y para Disintegration ya se habían deshecho las resistencias, y sólo quedaron restos de canciones murmuradas entre sueños que no alcanzarían en estas vueltas y volver y volver y volver de la nieve en el mar, de los mares y amar, del amor matinal, de las noches sin paz, de los viajes sin más,  cuando todos sabemos cuál era el fin, todos sabemos cuál es el fin, todos siempre lo sabemos, todos siempre en el fin.

9 de abril de 2013

Sobre la muerte

En los últimos días he recibido la noticia de varias muertes que me han obligado a pensar en ella. Como si nunca quisiera que la olvidáramos, para que nunca nos acostumbremos a ella, a veces, a menudo, la muerte de alguien nos sacude hasta estremecernos. Y hoy ha sido la de José Luis Sampedro, alguien que midió el alcance de las palabras y que se consideró siempre aprendiz de sí mismo, con todo lo que enseñó.

"He comprado todo lo que se ve desde la terraza, sí, es mío. Usted se ríe, pero imagine que soy archimillonario y he adquirido ese trozo de mar, ¿qué haría con él? Pues lo mismo que ahora, porque no tengo la obsesión de ser propietario, que es lo que hace que los ricos compren la vaca de Hirst. Lo contemplaría, pasearía y dejaría que la gente se moje, porque no me perjudica. Pero la gente quiere ser propietaria, porque quiere mandar, y quien posee una cosa quiere otra. Hace falta menos para vivir bien."

Tal vez crecer sea, en el fondo, darse cuenta de lo que realmente importa.

Y envejecer, saber cómo aplicarlo.

"La gente suele identificar el amor con el hecho de hacer el amor, y piensa que a mi edad no tiene sentido. Claro que lo tiene. La compenetración, el afecto, el saberse sin hablar. Para mí, eso es más que siete Nobel. El goce de la vida no es cuestión de cantidad, sino de sensibilidad, intensidad, compenetración."
Pero morirse es otra cosa. Morirse es perder las palabras y quedarse en silencio. La muerte sólo conduce al silencio. Fin, punto final, no hay vuelta atrás.

Pero hay que volver. Hay que volverse memoria y vivir con nuestra voluntad, de nuestro amor.

Por eso dedico estas palabras a la memoria de mi tía Milagros, que murió la semana pasada. 
Y se volvió memoria.

28 de marzo de 2013

José de Almada Negreiros


Esperanza


Esperanza:
esto de soñar bien en contra
yo lo hago perfectamente.
En contra de todo fue bueno
bueno de verdad
bien hecho de sueño
podía seguirlo como realidad.

Esperanza:
esto de soñar bien en contra
me lo sé de memoria.
Hasta reparo que sólo tengo esperanza
pura esperanza
esperanza verdadera
que engaña
y promete
y sólo promete.
Esperanza:
¿pobre madre loca
que quiere poner al hijo muerto en pie?

Esperanza
lo único que tengo
no me dejes sin nada
promete
engaña
cualquier engaño
engaña
no me dejes solo
esperanza.



Esperança


Esperança:
isto de sonhar bom para diante
eu fi-lo perfeitamente,
Para diante de tudo foi bom
bom de verdade
bem feito de sonho
podia segui-lo como realidade.

Esperança:
isto de sonhar bom para diante
eu sei-o de cor.
Até reparo que tenho só esperança
nada mais do que esperança
pura esperança
esperança verdadeira
que engana
e promete
e só promete.
Esperança:
pobre mãe louca
que quer pôr o filho morto de pé?

Esperança
único que eu tenho
não me deixes sem nada
promete
engana
engano que seja
engana
não me deixes sozinho
esperança.




18 de febrero de 2013

No hay conocimiento más que por intuición

Necesito dividir mi labio para abrirlo, 
necesito la diferencia de la semejanza, 
ser una pregunta de tantas vergüenzas, 
ser necesario en lo que necesito. 
Mientras, un fondo de agua; 
mientras, un cuerpo sin aliento; 
mientras, el entrelazo de las aristas. 
¿Quién puede fijar su delirio?

12 de febrero de 2013

Carta a Julio Cortázar

Querido Julio:

No creo que te llegue esta carta, sólo conozco una de tus direcciones postales y hace tiempo te mudaste. Así que no la leerás. Pero alguien lo hará en tu lugar, y entonces tendrá sentido escribirla. ¿Y por qué te escribo? Qué sé yo. Porque no lo hice antes y quería contarte alguna cosa. Como por ejemplo, que estuve con Aurora y ya está muy viejita pero tan lúcida y pizpireta como siempre. Y también con Noé Jitrik, al que le debo una visita a su biblioteca. Trabajan más que yo, y no es que yo me esté de brazos cruzados: Estoy leyendo a Foucault, a Wislawa Szymborska, a Houellebecq, el Tratado de argumentación de Perelman (éste para las clases que doy en la facultad) y una recopilación de textos sobre lo global y lo local. Y ayer, un cuento de Samanta Schweblin, "Un hombre sin suerte". Te gustarían sus cuentos, tienen un punto siniestro que harían bailar a Poe.
De vez en cuando me paso por la librería Norte, la que era de Héctor Yánover y que ahora dirige su hija. Hablo con Sandro Barrella sobre poesía y se manda alguna recomendación. Hace meses le encargué una antología de Tranströmer y Potrillo de Charles Wright. El primero estaba por comprarlo la última vez que fui, pero el precio me desbarrancó, y eso que la editorial Nórdica no es tan cara como otras españolas. Puse cara de vampirillo y lo reservé. Y sólo logré retrasar su compra por algún otro desaprensivo. Sandro me dijo que han llegado más ejemplares; voy a ver si para la próxima vez me hago un dobladillo en el pantalón y me reservo unos pesos.
El verano porteño me aplasta con su humedad sin lluvia, como una mosca contra el cristal. Hoy he ido al río para un reportaje sobre españoles en Argentina. Tú sabes cómo es eso de las nacionalidades, los países. No te lo recordaré. Pero es extraño defenderme como extranjero cuando no lo siento así, y tener que inventarme qué echo de menos (salvo la familia y los amigos) o cómo me afectó la crisis (cuando la económica no deja de ser una consecuencia de la social y la moral de décadas y décadas).
Bueno, no te entretengo más, debes de estar muy ocupado. Mesecina no sabe de ti pero si supiera te mandaría unos ronroneos y te maullaría una especie de canción. Como no es el caso se tira al suelo como un bife y huye del calor. Yo te mando un saludo y todo el afecto,

                                                                                                       Óscar.

9 de febrero de 2013

El sujeto, presente

Leyendo el análisis de Foucault sobre Las meninas me encuentro, una vez más, cómo se regodea porque el sujeto no está en el cuadro:

"Quizá haya, en este cuadro de Velázquez, una representación de la representación clásica y la definición del espacio que ella abre. En efecto, intenta representar todos sus elementos, con sus imágenes, las miradas a las que se ofrece, los rostros que hace visibles, los gestos que la hacen nacer. Pero allí, en esta dispersión que aquélla recoge y despliega en conjunto, se señala imperiosamente, por doquier, un vacío esencial: la desaparición necesaria de lo que la fundamenta - de aquel a quien se asemeja y de aquel a cuyos ojos no es sino semejanza. Este sujeto mismo - que es el mismo - ha sido suprimido. Y libre al fin de esta relación que la encadenaba, la representación, puede darse como pura representación".

No.

Si el sujeto quiere librarse de la representación que la encadenaba no puede desear ser pura representación.

No me vale esta aporía.

La estética posmoderna se empeñó en diluir a los sujetos por el flujo de la sociedad de masas. Ni sujetos ni autores. Pero no lo logró.

Los nombres siguen siendo vitales. Nos salvan del destierro,del tiempo lo cura todo, del todo vale, de la indiferencia del presente, de la nostalgia del pasado.

No es lo mismo estar en España o en Argentina. No es lo mismo llamar a Francisco J. Lema Bretón por su nombre y por sus esfuerzos como activista para evitar los desalojos de las casas devoradas por los bancos que dilapidarlo como una víctima más del sistema actual en crisis. No es lo mismo escuchar una canción de fondo mientras compras que detenerse al ritmo de Walk de Ludovico Einaudi un sábado por la mañana.

Para volver a Velázquez y a Foucault, el vacío esencial del cuadro sólo podría percibirse por quien quiere llenarlo. Yo no puedo ser Velázquez. Yo no puedo ser Foucault. Yo quiero ser yo. Y esto no es una abstracción. Yo seré siempre quien imagines y mi imagen te acompañará, aunque mañana cambie. Hoy yo soy y seré yo. Hoy seguirás siendo tú. Tú estarás presente. Y seguirás siendo tú, no cualquiera. Entre tú y yo.