Leo un texto de Juan Goytisolo (el reciente premio Cervantes, para conocerlo mejor) donde compara su relectura de Los monederos falsos de André Gide y Rayuela de Julio Cortázar cuarenta años después de haberlo hecho por primera vez. Dos novelas experimentales (con el autor y el lector). Antinovelas, se llamaron entonces, por considerar la novela como "suma de textos diseminados, pero destinados a cristalizar en una realidad nueva y total". Entonces Goytisolo hace la operación de releer esas novelas y de este modo siente que "leer es reconstruir lo fragmentado y disperso por voluntad del autor".
Hablando de novelas, toda lectura es necesariamente fragmentada. O casi toda. Salvo excepciones contadísimas, no leemos de un tirón las novelas. Sólo recuerdo haberlo hecho con Crónica de una muerte anunciada.Y hasta ahí puedo contar.
Casualmente - pero toda casualidad tiene un motivo desconocido - estoy releyendo la obra de Cortázar. Rayuela. La alterno con Anna Karénina de Lev Tólstoi, que es el modelo idóneo de novela decimonónica. Y no me parecen una oposición. Tólstoi lleva a Cortázar porque lo leyó sin duda, como lo demuestra que entre los Cuentos inolvidables se incluya "La muerte de Ivan Ilich". Y Cortázar lleva a Tólstoi porque nos remite a sus fuentes. Éste es el punto donde casualmente (pero...) llevo mi lectura de ambas novelas:
"Al lado del Cerro — aunque ese Cerro no tenía lado, se llegaba de golpe y nunca se sabía bien si ya se estaba o no, entonces más bien cerca del Cerro—, en un barrio de casas bajas y chicos discutidores, las preguntas no habían servido de nada, todo se iba estrellando en sonrisas amables, en mujeres que hubieran querido ayudar pero no estaban al tanto, la gente se muda, señor, aquí todo ha cambiando mucho, a lo mejor si va a la policía quién le dice. Y no podía quedarse demasiado porque el barco salía al rato nomás, y aunque no hubiera salido en el fondo todo estaba perdido de antemano, las averiguaciones las hacía por las dudas, como una jugada de quiniela o una obediencia astrológica. Otro bondi de vuelta al puerto, y a tirarse en la cucheta hasta la hora de comer.
Esa misma noche, a eso de las dos de la mañana, volvió a verla por primera vez. Hacía calor y en el «camerone» donde ciento y pico de inmigrantes roncaban y sudaban, se estaba peor que entre los rollos de soga bajo el cielo aplastado del río, con toda la humedad de la rada pegándose a la piel. Oliveira se puso a fumar sentado contra un mamparo, estudiando las pocas estrellas rasposas que se colaban entre las nubes. La Maga salió de detrás de un ventilador, llevando en una mano algo que arrastraba por el suelo, y casi en seguida le dio la espalda y caminó hacia una de las escotillas. Oliveira no hizo nada por seguirla, sabía de sobra que estaba viendo algo que no se dejaría seguir. Pensó que sería alguna de las pitucas de primera clase que bajaban hasta la mugre de la proa, ávidas de eso que llamaban experiencia o vida, cosas así. Se parecía mucho a la Maga, era evidente, pero lo más del parecido lo había puesto él, de modo que una vez que el corazón dejó de latirle como un perro rabioso encendió otro cigarrillo y se trató a sí mismo de cretino incurable.
Haber creído ver a la Maga era menos amargo que la certidumbre de que un deseo incontrolable la había arrancado del fondo de eso que definían como subconciencia y proyectado contra la silueta de cualquiera de las mujeres de a bordo. Hasta ese momento había creído que podía permitirse el lujo de recordar melancólicamente ciertas cosas, evocar a su hora y en la atmósfera adecuada determinadas historias, poniéndoles fin con la misma tranquilidad con que aplastaba el pucho en el cenicero. Cuando Traveler le presentó a Talita en el puerto, tan ridícula con ese gato en la canasta y un aire entre amable y Alida Valli, volvió a sentir que ciertas remotas semejanzas condensaban bruscamente un falso parecido total, como si de su memoria aparentemente tan bien compartimentada se arrancara de golpe un ectoplasma capaz de habitar y completar otro cuerpo y otra cara, de mirarlo desde fuera con una mirada que él había creído reservada para siempre a los recuerdos. " (Rayuela, capítulo 48)
"El debate sobre la emancipación de las mujeres ofrecía puntos demasiado espinosos para tratarlos delante de las damas, y, por tanto, cesó muy pronto; mas apenas terminada la comida, Pestsov entabló un diálogo con Alexiéi Alexándrovich para explicarle la cuestión desde el punto de vista de la desigualdad de los derechos entre esposos en el matrimonio. Según él, la causa principal de esta desigualdad consistía en la diferencia establecida por la ley y por la opinión pública entre la infidelidad de la mujer y del esposo.
Stepán Arkádich ofreció precipitadamente un cigarro a Karenin.
- No - contestó este con la mayor tranquilidad -; no fumo.
Y como para probar que no temía al diálogo, se volvió hacia Pestsov y le dijo con una sonrisa glacial:
- Esa desigualdad estriba, a mi modo de ver, en el fondo mismo de la cuestión.
Y se dirigió al salón; pero Turovtsin lo interpeló al paso:
- ¿Ha oído usted referir - le preguntó, animado por el champaña y deseoso de romper el silencio - lo de la cuestión de Vasia Priáchnikov? Me han dicho esta mañana - añadió con su franca sonrisa - que se había batido en Tver con Kvitski y que lo dejó sin vida en el terreno.
La conversación giraba aquel día fatalmente, de modo que Alexiéi Alexándrovich pudiera resentirse; Oblonski se dio cuenta al punto y quiso llevarse fuera a su cuñado.
- ¿Por qué se ha batido? - preguntó Karenin, sin notar, al parecer, los esfuerzos de Oblonski para distraer su atención.
- A causa de su esposa; y se ha conducido valerosamente, pues provocó a su rival y lo mató." (Anna Karénina, cuarta parte, capítulo XII)
1 de diciembre de 2014
23 de octubre de 2014
Salir
Pienso en el tiempo.
Los verbos nos dan la medida del tiempo para no ser el mismo tiempo del mismo eterno.
Me detengo en el tiempo para darle forma.
El verbo tiene la forma exacta del recuerdo, da sentido al futuro y hace tangible el presente.
Hasta parece que podría seguir, pensando, sumando verbos.
Eso queda para otro tiempo.
En éste acabo de darle cara al mes y con eso basta para fijarlo en algún punto del calendario.
Los verbos nos dan la medida del tiempo para no ser el mismo tiempo del mismo eterno.
Me detengo en el tiempo para darle forma.
El verbo tiene la forma exacta del recuerdo, da sentido al futuro y hace tangible el presente.
Hasta parece que podría seguir, pensando, sumando verbos.
Eso queda para otro tiempo.
En éste acabo de darle cara al mes y con eso basta para fijarlo en algún punto del calendario.
27 de septiembre de 2014
La dificultad de comprender
Frecuentad museos, salas de conciertos, mirad las construcciones públicas y privadas, en la calle, con otros ojos, id a exposiciones, deteneos en galerías, escuchad emisoras especializadas en la música en la que os gustaría iniciaros, bebed y comed solamente, si es posible, vinos y platos de calidad, ejerciendo en cada ocasión vuestro gusto, vuestras impresiones, comparando vuestras opiniones, describiéndolas, contándoselas a vuestros amigos, vuestros novios y novias, incluso escribiéndolas para vosotros mismos: todo ello contribuye a la formación de vuestra sensibilidad, de vuestra sensualidad, además de vuestra inteligencia, y finalmente de vuestro juicio. Después, un día, sin avisar, su ejercicio se producirá
fácilmente, simplemente -entonces descubriréis un placer ignorado por la mayoría, en todo caso, por los que se conforman, delante de una obra de arte, con reproducir los tópicos de su época, de sus conocidos o de su entorno.
(Michel Onfray: Antimanual de filosofía)
fácilmente, simplemente -entonces descubriréis un placer ignorado por la mayoría, en todo caso, por los que se conforman, delante de una obra de arte, con reproducir los tópicos de su época, de sus conocidos o de su entorno.
(Michel Onfray: Antimanual de filosofía)
14 de septiembre de 2014
Michael Bublé
Temporada musical invierno-primavera. Primer concierto al que asisto: Michael Bublé en GEBA. No lo esperaba con ansias pero tampoco le hacía ascos a escucharlo. Mejor éste que los que vendrán después (y que no pienso mencionar aquí). Por lo menos sabe cantar.
En los diarios lo presentan con una mezcla de cariño y argentinización, como sólo saben hacer en Argentina cuando les interesa como propio aquello que puedo serlo, aunque sea de una manera remota. Bublé está casado con Luisana Lopilato (actriz que en ciertos medios levanta atributos como "infartante", "tremenda", "bárbara", etc.) y tiene un hijo llamado Noah, de quien él mismo afirma que es "argentino". Y además declara que no quiere ser visto sólo "como un chico bueno" sino que lo valoren por su música. Mal día para hacerlo. Sobre todo porque ayer llovió durante toda la tarde y el público, fiel, "fanático", febril, iba a aguantar hasta los últimos compases pero la lluvia, el frío, el viento (sumados a la agenda de conciertos, donde figuran en una fecha cercana Río de Janeiro y Sâo Paulo) redujeron el concierto a poco más de una hora (sumando las cuatro canciones del bis) que necesariamente incluyera los mejores momentos del espectáculo.
Y aquí es donde está el problema. Porque si en los "mejores momentos" hay más versiones que temas propios... ¿dónde queda la creatividad? ¿en la puesta en escena? ¿en el sonido? ¿en el baile?
Desde un tiempo atrás llevo lamentando que los espectáculos musicales se reduzcan a cualquier cosa salvo la música. Que es lo que más debería importar. Pero U2 prefiere echar mano de escenarios móviles, Madonna de cambios de vestuario o Kiss de tramoyas y cohetes. En el caso de Bublé fueron los chapoteos en los charcos y los corazones de papel lanzados mientras cantaba All you need is love. Pero en cualquier caso eso no me parecería mal si nos quedáramos con la música. El llamado "crooner" cantó versiones de Cry me a river, Fever, Feeling Good, Lucky y hasta ¡Everybody (Backstreet's Back)!, además del tema de los Beatles.
Ninguna aporta nada al mercado de la copia.
Basta comparar su versión con la de, por ejemplo, Nina Simone de Feeling Good:
Pero el espectáculo de ayer será celebrado y recordado con gusto porque el chico "es lindo", "es humilde" y se sabe ganar al público con sus gestos, como recorriendo los pasillos de VIP.
Ante ese repertorio de sutilezas, una señora y una chica con su hija sólo podían hablar así del concierto:
"Él no quería cantar porque nunca lo hace cuando llueve, pero lo hizo por nosotras";
"Estaba colorado, se había emocionado" - "Ah, yo creía que era por el frío" - No, no, le vi lágrimas en los ojos.
"Lo amo, lo amo".
Pero sí, coincido en que tiene buena voz. ¿Que recuerda a Sinatra? Tal vez. Pero no es Sinatra. Ni lo será. En fin, para qué serguir.
En los diarios lo presentan con una mezcla de cariño y argentinización, como sólo saben hacer en Argentina cuando les interesa como propio aquello que puedo serlo, aunque sea de una manera remota. Bublé está casado con Luisana Lopilato (actriz que en ciertos medios levanta atributos como "infartante", "tremenda", "bárbara", etc.) y tiene un hijo llamado Noah, de quien él mismo afirma que es "argentino". Y además declara que no quiere ser visto sólo "como un chico bueno" sino que lo valoren por su música. Mal día para hacerlo. Sobre todo porque ayer llovió durante toda la tarde y el público, fiel, "fanático", febril, iba a aguantar hasta los últimos compases pero la lluvia, el frío, el viento (sumados a la agenda de conciertos, donde figuran en una fecha cercana Río de Janeiro y Sâo Paulo) redujeron el concierto a poco más de una hora (sumando las cuatro canciones del bis) que necesariamente incluyera los mejores momentos del espectáculo.
Y aquí es donde está el problema. Porque si en los "mejores momentos" hay más versiones que temas propios... ¿dónde queda la creatividad? ¿en la puesta en escena? ¿en el sonido? ¿en el baile?
Desde un tiempo atrás llevo lamentando que los espectáculos musicales se reduzcan a cualquier cosa salvo la música. Que es lo que más debería importar. Pero U2 prefiere echar mano de escenarios móviles, Madonna de cambios de vestuario o Kiss de tramoyas y cohetes. En el caso de Bublé fueron los chapoteos en los charcos y los corazones de papel lanzados mientras cantaba All you need is love. Pero en cualquier caso eso no me parecería mal si nos quedáramos con la música. El llamado "crooner" cantó versiones de Cry me a river, Fever, Feeling Good, Lucky y hasta ¡Everybody (Backstreet's Back)!, además del tema de los Beatles.
Ninguna aporta nada al mercado de la copia.
Basta comparar su versión con la de, por ejemplo, Nina Simone de Feeling Good:
Pero el espectáculo de ayer será celebrado y recordado con gusto porque el chico "es lindo", "es humilde" y se sabe ganar al público con sus gestos, como recorriendo los pasillos de VIP.
Ante ese repertorio de sutilezas, una señora y una chica con su hija sólo podían hablar así del concierto:
"Él no quería cantar porque nunca lo hace cuando llueve, pero lo hizo por nosotras";
"Estaba colorado, se había emocionado" - "Ah, yo creía que era por el frío" - No, no, le vi lágrimas en los ojos.
"Lo amo, lo amo".
Pero sí, coincido en que tiene buena voz. ¿Que recuerda a Sinatra? Tal vez. Pero no es Sinatra. Ni lo será. En fin, para qué serguir.
25 de agosto de 2014
Hoy Julio Cortázar habría cumplido cien años...
...y lo celebramos con muchas palabras, tantas como años, es decir, como una cifra redonda que se antoja incontable. Porque quién le pondría medida al infinito. Infinito punto rojo. Leí a Cortázar por decimosexta vez a los veinticatorce años. Por entonces no entendía nada y lo entendía todo porque dejé El perseguidor incompleto y éste vino a buscarme, al año siguiente, dibujando una Rayuela que se hizo completa por el hilo que manejaban los personajes, cruzando toda la habitación y todo el laberinto, Teseo tres deseos hacia la salida del cielo. Leía recostado en la cama al modo en que los romanos comían en su banqueta, y degustaba página a página en sueños transformado en una flor amarilla. Entonces, el sillón verde, la puerta condenada, la casa tomada mientras me diluía en el río, llegaba a la estación de la mano sujetando un cuello de gatito negro, la caricia más profunda, y no se culpe a nadie si usted se tendió a tu lado en un lugar llamado Kindberg, los venenos de una historia con migalas en la carta a una señorita de París, los pasos en las huellas, deshoras de este segundo viaje por la autopista del sur, las historias que me cuento para dormir y seguir leyendo. Una pausa filosa y cristalina y seguir leyendo. No aquí, no acá sino donde se sigue, donde se lee. Esta mañana en mi autobús viajaba una chica con un libro de Cortázar entre las manos. Me miró varias veces, por qué, estaba lejos, levantó la vista y su cara reflejaba desconcierto, por qué, y bajaba de nuevo los ojos como cerrando un paraguas, por qué, giré mi rostro y vi un asiento libre al fondo, y los ojos buscaron las migajas por el suelo, como los restos del pan nuestro de cada día, "quietismo laico, ataraxia moderada, atenta desatención".
9 de agosto de 2014
El hombre mono
Cuanto mayor es en el hombre la adquisición intelectual, más recula en él el mono. Cuanto menos saber, conocimiento, cultura o memoria hay en un individuo, más lugar ocupa el animal, más domina, menos conoce la libertad el hombre. Satisfacer las necesidades naturales, obedecer únicamente a los impulsos naturales, comportarse como una persona dominada por los instintos, no sentir la fuerza de las necesidades espirituales, he ahí lo que manifiesta el chimpancé en vosotros. Cada uno lleva consigo su parte de
mono. La lucha para alejarse de esa herencia primitiva es cotidiana. Y hasta la tumba. La filosofía [y la literatura] invita a librar ese combate y ofrece los medios para ello.
(Michel Onfray: Antimanual de filosofía)
mono. La lucha para alejarse de esa herencia primitiva es cotidiana. Y hasta la tumba. La filosofía [y la literatura] invita a librar ese combate y ofrece los medios para ello.
(Michel Onfray: Antimanual de filosofía)
5 de agosto de 2014
Preguntas de un lingüista y respuestas de un niño
- ¿Dónde se sitúa la lengua? - En la boca.
- ¿Cómo hablar de ella? - Con la lengua.
- ¿Desde dónde hablar? - Desde la lengua.
- ¿Cómo hablar de ella? - Con la lengua.
- ¿Desde dónde hablar? - Desde la lengua.
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