25 de enero de 2010

Los versos desafinados

Sientes el dolor de la noche
Las horas filamentos
La luz torre de cera
Quisieras estar con los verbos
Y no hallas más que nombres
Como velos superpuestos
Suelo sucio y mojado
Tus ojos en los viejos tiempos
Polvo sueño ausente
Las malas traducciones
El orden desordenado
Las fotos también salieron
Veladas, las rimas son impares
El ritmo no tiene cuerpo
Y no hay antologías
Que incluyan tus palabras.

20 de enero de 2010

Apuntes sobre la estética de la recepción mientras se limpia el teclado

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RECONSTRUCCIÓN
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CUANDO YA NO SE CONCRETAN CUALIDADES METAFÍSICAS DADAS SINO NUEVOS OBJETOS ESTÉTICOS QUE SÓLO APARECEN HISTÓRICAMENTE APARECE EL PROBLEMA DE LA RELEVANCIA DE UNA CONCRECIÓN CUYA ACCIÓN CONSTITUTIVA ES ASÍ RESPONSABILIDAD DEL LECTORptrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrkjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjnbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbhg7bhjnnnh

9 de enero de 2010

Prosa, poesía

Después de una entrada de año tan celebrada ahora viene un tema prosaico. O poético, según se mire. La cuestión es que una mañana los habitantes se desperezan, desayunan, salen a dar una vuelta, hacen unas compras, visitan la biblioteca y allí hojean un artículo poético titulado "De la improvisación a la conciencia poética: pasaje de ida y vuelta"; y en medio de esa verborrea los habitantes también encuentran la suya, cuando parecía que se había quedado entre las sábanas, y no se les ocurre otra cosa que preguntarse qué diferencia la prosa de la poesía, esa interrelación que tantas veces se ha abordado como prosa poética, poesía narrativa y demás torpezas.

¿Pero a quién puede interesarle este tema? Si dicen que hoy nadie lee poesía (o, como se cuenta en el artículo hojeado, los poetas se leen unos otros, el público de la poesía son los propios poetas). Bueno, también dicen que hoy sólo leen unos pocos, pero se ve que la palabra más buscada en la categoría Compras es precisamente 'libros'. Al menos en ese estudio porque éste otro tiene pinta de ser más exacto y el tema por el que giran todas esas palabras no podía ser otro que el sexo, que no está relacionado directamente con la poesía. Y por si fuera poco estamos en crisis. Y "nadie quiere oír hablar de principios, sean poéticos o de cualquier otra índole". En fin. Como se trata de animarnos un poco diremos, sin corrernos, que así como hoy se lee más que en ningún otro tiempo porque los libros están más al alcance de la mano y de la vista también es de suponer que hoy se lee poesía más que nunca, aunque no venga firmada por Shakira, Sandra Bullock o Kobe Bryant, al menos hasta que no publiquen sus poemas. Así que ya que se ha lanzado el tema que aterrice.

La extensión, la disposición,
el ritmo, la rima
de frases y versos.
Todo eso viene muy bien
como ayuda
y sin duda es muy valioso.
Pero esto no convierte
estas líneas en poema.
Esto es prosa.
¿Por qué?
Pues sobre todo
porque está escrito
pensado como prosa.
Pero no es imprescindible.

Lo que es determinante para distinguir el verso y la prosa es el resultado:

Cuando nos admiramos del lenguaje en que está escrita una obra estamos hablando de poesía; cuando nos admiramos de cómo está construida una obra para que liguen todas sus partes y se desarrollen de tal manera que capten nuestra atención, eso es prosa.

Claro, se podrá decir enseguida que no, que no es así, que la poesía necesita que todas sus partes se liguen y que es importante todo el lenguaje. Eso es porque ambas obras son literatura.

También se dirá que algo hay de verdad, pero habría que matizar, acotar, explicar. Bueno, lo importante es plantar el germen, la semilla. Luego cada uno lo hará crecer a su gusto, podándolo, guiándolo con cuerdas y bastones, hasta llegar, una vez más, a la literatura. Y por ahí también hasta llegamos a la poesía.

1 de enero de 2010

¡Por fin 2010!



¡Sí, por fin veinte diez! Qué ganas de poner las dos cifras redondas y que huela a año nuevo. La tierra ya está mojada, lista para que crezcan deprisa nuevas semillas. Hay un nuevo espíritu o una nueva alma o una nueva voluntad de superar el crack del siglo XXI y que los Nuevos Aires se reúnan hasta que muestren todas las virtudes dispersas. Hasta el blog tiene un nuevo aspecto, ya que el anterior era el de la imagen.

Esta manera tan alambicada de comenzar es para balancearse suavemente al son del Danubio Azul en el concierto de Año Nuevo. Despertemos sin hacer ruido y quedémosnos para siempre. Vamos, un leve cabeceo, el sonido de la ventana mecida por un aire. La cama gime al darnos la vuelta. El suelo es blando. La piel es fría, se estremece, pero apenas. Y ya los dos pies en paralelo, en media vuelta, en vuelta entera, ya estamos, ya nos incorporamos. Hoy sí, hoy sí, hoy es el día, hoy sí, hoy sí, hoy sí es el día, hoy sí, hoy sí, hoy sí es el día del inicio. Abrimos las manos blandas como el sueño de anoche. Un dolor de cabeza se aparta como una mampara al primer paso. Y con cara de tontos podemos sonreír. Y creernos nuestras verdades, pues la luz del buen año ya está bailando, entusiasta, frente a nuestros ojos, y bien podemos pensar que atrás queden las penas, que ya saldaron su cuenta, y que las próximas no sean penalidades sino banalidades de lo que ya fue.

Por una vez los deseos van a ser los mejores.

23 de diciembre de 2009

Los mejores libros de 2009

Cuando faltan pocos días para que termine el año son muchos los que se entretienen en hacer un balance de lo bueno y lo malo, de lo mejor y lo peor, en recopilatorios tan exhaustivos como improvisados de lo más destacado, es decir: de lo que más se recuerda. Los libros no se libran (¡arrrgh!) de su propia lista y así ya van apareciendo las antologías de títulos tan subjetivos como es la opinión de cada uno, pues lo que más me ha gustado a mí no tiene por qué haberte gustado a ti, y ni siquiera tienes por qué haberlo leído, y demás asuntos del corazón.


Tratándose de la opinión de escritores y críticos, no sorprendería que tampoco ellos hayan leído todos los libros que se han citado, de manera que tampoco sorprendería que sólo hayan leído tres o cuatro (como máximo) títulos de las otras listas, ya que, por muy adictos a las novedades que sean, no se habrán limitado sólo a leer las publicaciones de este año, sino que bien pueden haber descubierto alguna otra pendiente de hace cinco, diez, cien años. No en vano (es un decir) se publican miles de libros cada año.

De esta manera, el mejor libro de 2009 será el que me guste más de los que estoy leyendo, el que me guste de los que estoy leyendo, el que estoy leyendo.

15 de diciembre de 2009

El maestro y el discípulo

Desde hace tiempo suelo guardar en una carpeta los diversos papeles que me llegan. Primero fueron las notas que tomaba de libros consultados por puro interés o puro capricho (si es que existe alguna pureza en esas actitudes) y que escribía a toda prisa en una hoja. Como pronto me faltaron las hojas enseguida recurrí a cualquier papel con el suficiente espacio en blanco como para escribir en él una cita. Los nuevos papeles podían ser servilletas, folletos publicitarios, informes académicos o administrativos, tarjetas. No tardé en guardar cualquier papel que pudiera albergar una nueva nota, escrita de mente ajena o también desde mi propia atención. A ellos además se le sumaron otros papeles cuya forma y disposición no admitían un nuevo texto además del que ya contenían; pero el texto ya existente significaba el lugar o el momento en que llegó a mis manos, y ese devoción, ya presente en los papeles anteriores, bastó para que el nuevo documento se acoplara a los anteriores. Algunos incluso sobrepasaron la carpeta y la envolvieron en los compartimentos de la bolsa donde la llevo. De esta manera la bolsa pasó ha llamarse la bolsa de Pandora, pues de ahí pueden salir todos los bienes y todos los males de mi mundo.

Un día quise mostrarle el contenido de la bolsa de Pandora a un pupilo siempre curioso de cualquier cosa que le hablara. El alumno enseguida se interesó por esa bolsa que siempre llevo encima y saqué de ella la carpeta, y de la carpeta empezaron a brotar sus papeles con la correspondiente explicación de los más vistosos: éste es un juego que hice un día en un autobús de vuelta a casa, éste es un dibujo de mi Mar Adentro, en éste apunté el nombre de los alumnos que hablaban para bajarles 0,1 puntos. No todos admitían la explicación de su origen, más que nada porque el alumno no querrá comprender ciertas sesudas o arbitrarias notas, de modo que muchos se volteaban como las hojas de un calendario en el que buscamos apenas una fecha, para sólo detenerse en aquel retal que podría destacar justo entonces. El alumno miraba el desfile de papeles escuchando las explicaciones, acompañándolas con algún que otro comentario. De repente, al ver cómo pasaba ese extraño conjunto de garabatos y colores, exclamó "¡sí que llevas mierda!". No lo dijo con ninguna intención peyorativa, más bien lo contrario, por el cariño de que compartiéramos lo que había guardado. Pero no podría faltarle razón. Porque ¿en qué momento un recuerdo se convierte en mierda? ¿Será que ese papel es como la cáscara que nos queda después de habernos comido el fruto? Evidentemente, ningún papel se mudó de casa y menos con este frío, pobres; si no hay nada como el hogar.

8 de diciembre de 2009

Silencio

Las condiciones objetivas necesarias para la realización de una obra artística son un fenómeno, como todos sabemos, muy complicado: intervienen un determinado círculo de destinatarios, la intensidad del contacto con ellos, un ambiente adecuado y lo más importante: la liberación respecto del control interior, involuntario.


Estas palabras de Czeslaw Milosz fueron pensadas en alusión a las trampas de expresión de la Polonia marxista, pero, como todas las palabras verdaderas, qué fácil es pensarlas en otros ámbitos, entre ellos el privado.

La sociedad irracionalmente capitalista que nos rodea, basada en la producción, no contempla la figura del artista más que como entretenimiento. La obra artística sólo adquiere sentido en su utilidad, y ésta se entiende que se cumple cuando da un placer momentáneo y, ay, estéril al considerado verdadero trabajador, es decir, al que produce. Claro, este uso banaliza al artista e irrita al intelectual, quienes intentan oponerse a la estupidez global para no formar parte de ella, aunque eso implique no formar parte del progreso. La estupidez progresa, el arte no (ya sabemos que la obra de Ludovico Einaudi no mejora la obra de Mozart ni la obra Czeslaw Milosz la de Joseph Conrad, sino que tan sólo son distintas expresiones, ni mejores ni peores). ¿La estupidez progresa? ¿Eso quiere decir que es más estúpido un individuo del siglo XXI que uno del siglo XVII? No necesariamente. Pero lo que sí parece más seguro es que es más refinada; quiero decir que, hoy en día, en nuestro mundo opulento, ingenuo, occidental y en crisis tenemos a nuestro abasto tantos medios y tanta información que irremediablemente desperdiciamos nuestras posibilidades, y tendemos a repetir las mismas soluciones.

¿Qué significa esto? ¿Qué se pretende decir?

Estas preguntas pueden parecer tan básicas como el párrafo anterior. Podrían contestarse a sí mismas, bastaría con formularlas para saber de dónde vienen, o quizás a dónde nos llevan. El resultado no debería ser indiferente, no puede ser casual.