Hace un año comenté la decisión de Lucía Etxebarría de no escribir más. Hoy vuelvo a hablar sobre el tema a propósito de una noticia similar pero de un cariz muy distinto. Como Philip Roth pocos días antes, Imre Kertész anunció que no publicará más libros. No son casos únicos ni recientes pero siempre sorprende que un escritor decida que ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Enrique Vila-Matas pensó el tema en Bartleby y compañía, así que no será necesario recopilar una lista de quienes tomaron esa decisión. Lo que me sigue conmoviendo es el motivo.
¿Por qué se deja de publicar? ¿Qué provoca a un escritor el punto final? ¿Será que, después de haber ganado tantos premios y de haber sido muy difundido y conocido ya no necesita más reconocimientos, y sólo quiere volver a sí mismo para reconocerse? No sé, me cuesta imaginar esa decisión, yo, que apenas estoy por publicar mi primer libro. Sólo puedo preguntarme por qué quiero publicar, si puedo explicarlo.
Entonces me pregunto por qué quiero publicar. Los premios, la difusión, el reconocimiento, todo lo que he nombrado no alcanza, no me alcanza del todo. Como un postre, al principio puedes saborearlo y paladearlo, puede que incluso quieras repetir. Pero llega un momento en que resulta empalagoso. Es curioso que antes de probarlo (antes incluso de saber si un día lo probaré) ya sé qué gusto tiene. Y no, no me alcanza. Seguramente porque, en realidad, publico para comunicar. Cuando tengo algo que comunicar y me convenzo de que es así y eso es en realidad, eso es la realidad, en lugar del domingo, el viento golpeando la ventana, el penúltimo día del año, la música escuchada, la música que aún no he escuchado, el timbre, el teléfono, la mañana, a media mañana, compartida, partida al mediodía.
30 de diciembre de 2012
31 de octubre de 2012
Fechas
Señalas el día,
lo cubres de niebla,
lo fechas de vacío.
Cualquier día
es
un día cualquiera
aunque esté fijado
y se haga verdadero.
Ni vino ni pasó
nada distinto de los otros.
Tan sólo me llevas contigo,
nos miramos,
nos correspondemos.
lo cubres de niebla,
lo fechas de vacío.
Cualquier día
es
un día cualquiera
aunque esté fijado
y se haga verdadero.
Ni vino ni pasó
nada distinto de los otros.
Tan sólo me llevas contigo,
nos miramos,
nos correspondemos.
21 de octubre de 2012
Best seller
El best seller parece el misterio de quien quiere obtenerlo y no sabe cómo. A menudo, de manera más encubierta o más explícita, muchos se preguntan qué es lo que convierte una obra en best seller. Y no dan con la respuesta porque si la tuvieran también escribirían uno en lugar de preguntarse cómo se hace. Yo no quiero escribir un best seller a propósito. No negaré que me vendría bien, por la aceptación y por el dinero, que tampoco es un delito reconocerlo. Pero no escribo con esa idea. Sólo escribo lo que quiero y no me planteo el resultado. Tal vez porque cuando pienso en un best seller no es en el Quijote (que también lo es, desde 1605) sino en otro tipo de libros que sacrifican la calidad literaria para acercar la lectura al público (o ésa es la impresión que dan, aunque ni los autores ni los lectores estarían de acuerdo con este juicio) y como quiero escribir a mi gusto y mis exigencias así me va, creyendo que mi estilo es el más adecuado.
Hace unos días terminé el mayor éxito literario en español de la última década: La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Creo que puedo identificar los motivos por los que gusta tanto, pero aunque los enumerase no serían los ingredientes para que funcione la fórmula, así se copiaran todos. La opinión final es la de los lectores, ellos serán los que decidan la suerte del libro. Y lo demás son supersticiones.
Tenía curiosidad por saber lo que había despertado tanto fervor. Y no tardé en comprenderlo: La sombra del viento me recordaba a las películas de Spielberg por cómo uno empatiza con los personajes y cómo la narración se desarrolla de tal manera que te empuja a seguir adelante, para saber más. Es un libro calculado para crear ese efecto y como lo logra hay que decir que está bien escrito. Y sin embargo mis criterios me entorpecen y me impiden verlo como un gran libro. Lo comparo con otros y me doy cuenta de que cae una y otra vez en lugares comunes: el bueno muy bueno (valiente a pesar de sus temores, solidario, fuerte en su debilidad física, comprensivo), el malo muy malo (cruel, sádico, egoísta, sanguinario), la novia bellísima, el compañero gracioso y fiel, el padre protector... A poco que pensara preveía el desarrollo de una trama tan tipificada como los personajes. Pero el gran mérito de esta novela es que te aumente las ganas de saber más y más y más tras la siguiente página. Y éste sería la principal característica de los best sellers. El resto sería un análisis más o menos exhaustivo, más o menos acertado pero no deja de ser una hipótesis. Pues, como se sabe, de los gustos hay mucho escrito, y más habrá mientras haya quien los deguste.
Hace unos días terminé el mayor éxito literario en español de la última década: La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Creo que puedo identificar los motivos por los que gusta tanto, pero aunque los enumerase no serían los ingredientes para que funcione la fórmula, así se copiaran todos. La opinión final es la de los lectores, ellos serán los que decidan la suerte del libro. Y lo demás son supersticiones.
Tenía curiosidad por saber lo que había despertado tanto fervor. Y no tardé en comprenderlo: La sombra del viento me recordaba a las películas de Spielberg por cómo uno empatiza con los personajes y cómo la narración se desarrolla de tal manera que te empuja a seguir adelante, para saber más. Es un libro calculado para crear ese efecto y como lo logra hay que decir que está bien escrito. Y sin embargo mis criterios me entorpecen y me impiden verlo como un gran libro. Lo comparo con otros y me doy cuenta de que cae una y otra vez en lugares comunes: el bueno muy bueno (valiente a pesar de sus temores, solidario, fuerte en su debilidad física, comprensivo), el malo muy malo (cruel, sádico, egoísta, sanguinario), la novia bellísima, el compañero gracioso y fiel, el padre protector... A poco que pensara preveía el desarrollo de una trama tan tipificada como los personajes. Pero el gran mérito de esta novela es que te aumente las ganas de saber más y más y más tras la siguiente página. Y éste sería la principal característica de los best sellers. El resto sería un análisis más o menos exhaustivo, más o menos acertado pero no deja de ser una hipótesis. Pues, como se sabe, de los gustos hay mucho escrito, y más habrá mientras haya quien los deguste.
8 de octubre de 2012
Las relaciones
¿Cómo pueden perseguirse objetivos a largo
plazo en una sociedad a corto plazo? ¿Cómo sostener relaciones sociales
duraderas? ¿Cómo puede un ser humano desarrollar un relato de su identidad e
historia vital en una sociedad compuesta de episodios y fragmentos? Las
condiciones de la nueva economía se alimentan de una experiencia que va a la
deriva en el tiempo, de un lugar a otro lugar, de un empleo a otro. Si pudiera
establecer el dilema de Rico [un ejemplo de alguien que conoció] en términos más
amplios, diría que el capitalismo del corto plazo amenaza con corroer su carácter,
en especial aquellos aspectos del carácter que unen a los seres humanos entre sí
y brindan a cada uno de ellos una sensación de un yo sostenible.
(Richard Sennett: La corrosión del carácter, p. 25)
(Richard Sennett: La corrosión del carácter, p. 25)
29 de septiembre de 2012
Salvador Iborra
Hace un año Salvador Iborra fue acuchillado por dos vecinos de su portal, para robarle su bicicleta. Un año después no quiero recordarlo por su muerte sino por sus poemas. De ahí que lo haya traducido hoy.
AFIRMACIÓN POSIBLE
Aún escuchas música cuando muere el amor,
ya es muy tarde, y se están recogiendo las sillas,
quisiera volverte a mirar, buscarme otro
sueño para volverlo a perder, un eco breve
como aquella luna entrando por la ventana.
Las luces se apagan y están cerrando las puertas,
también los puentes, las casas y las autopistas,
la memoria gravitando abocando entrañas
esperando que atardezca en una ciudad lentísima
donde la vida huye donde no podemos llegar nosotros.
Esta noche es enorme, parece mentira,
y creo que debo escribir, quedarme despierto,
dejar sobre el papel alguna cosa inamovible
que alguien haya de leer, una ilusión, un rumbo,
mientras intento respirar y la soledad me ahoga,
y ansiosamente miro el cielo sin esperar respuestas.
AFIRMACIÓN POSIBLE
Aún escuchas música cuando muere el amor,
ya es muy tarde, y se están recogiendo las sillas,
quisiera volverte a mirar, buscarme otro
sueño para volverlo a perder, un eco breve
como aquella luna entrando por la ventana.
Las luces se apagan y están cerrando las puertas,
también los puentes, las casas y las autopistas,
la memoria gravitando abocando entrañas
esperando que atardezca en una ciudad lentísima
donde la vida huye donde no podemos llegar nosotros.
Esta noche es enorme, parece mentira,
y creo que debo escribir, quedarme despierto,
dejar sobre el papel alguna cosa inamovible
que alguien haya de leer, una ilusión, un rumbo,
mientras intento respirar y la soledad me ahoga,
y ansiosamente miro el cielo sin esperar respuestas.
AFIRMACIÓ POSSIBLE
Encara escoltes música quan l’amor es mor,
és ja molt tard, i van arreplegant les cadires,
voldria tornar-te a mirar, buscar-me un altre
somni per tornar-lo a perdre, un eco breu
com aquella lluna entrant-nos per la finestra.
Les llums s’apaguen i van tancant les portes,
també els ponts, les cases i les autopistes,
la memòria gravitant abocant entranyes
esperant el vespre en una ciutat lentíssima
on la vida fuig on no podem arribar nosaltres.
Aquesta nit és enorme, sembla mentida,
i crec que he d’escriure, quedar-me despert,
deixar sobre el paper alguna cosa inamovible
que algú haja de llegir, una il·lusió, un rumb,
mentre trobe les claus de casa a la butxaca,
mentre prove de respirar i la solitud m’ofega,
i ansiosament mire el cel sense esperar respostes.
15 de agosto de 2012
Las inteligencias
"No diré que tiene menos éxito porque es menos inteligente. Diré que quizá obtuvo un trabajo menos bueno porque trabajó menos bien, que no vio bien porque no observó bien. Diré que prestó a su trabajo una atención menor. [...] Allí donde cesa la necesidad, la inteligencia descansa, a menos que alguna voluntad más fuerte se haga oír y diga: continúa; mira lo que has hecho y lo que puedes hacer si aplicas la misma inteligencia que has empleado ya, poniendo en todas las cosas la misma atención, no dejándote distraer de tu rumbo."
(Jacques Rancière, El maestro ignorante)
3 de agosto de 2012
Los nombres del amor
Esto no es un comentario ni una crítica. A esto le gustaría ser el eco de la película. Pero esto tropieza con el eco porque en medio se encuentra el gusto, y lo que quiere ser digestión son unos dientes a punto de ser cepillados. Pensamos que ojalá hubiera alguien como la protagonista de la película, muchos, muchas como ella para estar fuera de lugar, para que las leyes sean la excepción, para que haya cuerpos abiertos en almas bellas, para que las lluvias no formen islas, para que nos digan: los extranjeros son los únicos que merecen la nacionalidad francesa. Y española. Y argentina.
Pero no es así. No existe ella, somos demasiado ficticios para ella. Nos la pasamos en lamentos de que no hay nadie más, de que ya no hay buenas buenas películas ni buenos libros, ni hay un modelo al que seguir.
Podríamos decir: Dejemos de creer que cualquier tiempo pasado fue mejor y valoremos lo mejor de nuestro tiempo. ¿Pero quién nos creerá?
Pero no es así. No existe ella, somos demasiado ficticios para ella. Nos la pasamos en lamentos de que no hay nadie más, de que ya no hay buenas buenas películas ni buenos libros, ni hay un modelo al que seguir.
Podríamos decir: Dejemos de creer que cualquier tiempo pasado fue mejor y valoremos lo mejor de nuestro tiempo. ¿Pero quién nos creerá?
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