20 de octubre de 2019

Variaciones sobre uno mismo

La ventana, materia del sujeto
La ventana, esencia del aire
La ventana, solidez de la luz
La ventana, ausencia del eco
La ventana. La ventana. La.
Repetir, redoblar, regresar

3 de octubre de 2019

La última siesta


Después de dar diez cien mil
golpes en la orilla
como golpeando puertas de las casas
tanto sueño
como golpeando partes de las caras
rozas apenas el agua
fría y aún temblando
tanto sueño
apoyas el pie en la
arena salpicada de caracolas
restos de viejas caracolas
tanto sueño
y encogida replegada
te abres un hueco
en que descanse tu hogar.

31 de agosto de 2019

Uno


La piel 
se desdobla 
amando 
amando
frente a frente 
a contrapiel 
tan dentro de mí 
que ya no soy yo

20 de julio de 2019

Margarita a lo Gandolfo




Me gusta muchísimo
Sara Mesa es una de las mejores narradoras que hoy cuenta la literatura española. Los premios y la publicación de su obra en una gran editorial como Anagrama no han tardado en consagrarla. Por eso es de celebrar que haya escrito un libro como Silencio administrativo, el cual relata con detalle cómo nuestra sociedad estigmatiza la pobreza - la aporofobia, el miedo a los pobres, como dijo la filósofa Adela Cortina - y condena a quien viva en la calle a un irremediable deterioro físico y mental. El libro es relatado desde la perspectiva de quien es Sara Mesa, es decir desde una escritora, una narradora. Bajo el nombre de Beatriz cuenta cómo se interesó por la vida de una mujer llamada Carmen, que mendiga en las calles de Sevilla y duerme en un garaje. Y enseguida descubre cómo la burocracia, para que reciba alguna ayuda, es tan intrincada que resulta imposible de resolver. Éste es uno de los problemas más graves del mundo actual: la pobreza. Y es uno de los invisibilizados para los políticos y para los medios de comunicación.

Me gusta mucho
El libro de Elvio E. Gandolfo La mujer de mi vida, donde se recogen algunas de las margaritas que publicó y que dan título a esta entrada del blog. Por ser una recopilación de artículos el resultado es inevitablemente irregular, ya que algunos son mejores que otros, es decir que se disfrutan más. De todos modos al terminar el libro me quedo con el deseo de más, que tal vez sea el mejor elogio de una recopilación. Puestos a hablar de Gandolfo, El año de Stevenson es una maravilla, una poesía amena, directa y enternecedora, que te invita a quedarte con el autor a tomar mate.

Me gusta un poco
Leo Los testamentos falsificados de Milan Kundera, publicados por primera vez en español en 1994 y en francés en 1993, y no puedo evitar sentirlos de otra época cuando se refiere a «nuestro siglo». ¿Tanto ha cambiado? Sí, eso parece. Tanto ha cambiado. Las Guerras Mundiales se han convertido en Guerras Globales: diversos grupos de ideología afín han perpretado atentados en París, en Londres, en Nueva York, en Nueva Zelanda, en Sri Lanka. Se puede ver en tiempo real y sincronizado una serie de televisión o un partido de fútbol. Las interpretaciones erróneas de Janácek y de Kafka se han asimilado a unos clichés que ya no cuestiona nadie. Las condenas y rechazos a artistas por su apoyo al fascismo o al comunismo se difunden más bien cuando trasciende una denuncia de abuso (a niños o a mujeres). La situación política de la literatura de Kundera se ha convertido en situación histórica. Y como además Kundera ya no publica se lo relega cada vez más al olvido del pasado, aunque todavía de vez en cuando su nombre suena entre las candidaturas al premio Nobel.

No me gusta nada
Los programas de lecturas que los Ministerios de Educación de países como España y Argentina decretan para la enseñanza en la Secundaria están hechos con tal desidia que no fomentan la lectura, sino el aborrecimiento a los libros.  Los alumnos simulan aprender porque los profesores simulan enseñar un caos que tiene un aire de lista de la compra: este año leemos este libro, el próximo está de moda tal otro. Esos programas están atestados de listas, conceptos, temas con los cuales el profesor debe hacer malabarismos para aparentar un orden. Pero claro, ya he dicho que el resultado es un caos. Si el alumno simula aprender lo que en muchos casos hace es tan sólo aprobar, es decir tener la nota de aprobado, que tarde o temprano logrará porque hay que ajustar el número de alumnos al de permitidos en una clase (a menudo al de los que pueden entrar en un aula). Así irá pasando los cursos hasta terminar la Secundaria, sin poseer los conocimientos que se le suponen. Pero con el título en mano ya no se hablará de fracaso escolar.

13 de julio de 2019

Morir de repente

Esta mañana leo la noticia de la muerte repentina de Stephanie Niznik, cuya biografía es glosada en la mención a las series de televisión en que participó, como Anatomía de Grey y Lost en papeles secundarios. Apenas la reconocí, lo confieso, pero sí me llamó la atención su nombre para buscar más información. Sin embargo más aún me llamó la atención dos detalles: que el fallecimiento se produjo el 23 de junio pero no ha trascendido hasta hoy - tres semanas después - y que se desconozca el motivo.

Más allá - y nunca mejor dicho - de convertir la muerte en un suceso mórbido enseguida me he preguntado: ¿por qué esos detalles tan vagos? ¿por respeto a la familia? ¿por trasuntos legales? ¿por investigaciones de los implicados?

Pero en el fondo no son detalles relevantes para mí.

No seguiré el desarrollo de la noticia y tampoco necesito que se respondan esas preguntas.

En realidad preferiría responderme estas otras:

¿Por qué acordarse en su muerte de quien se alejó de la vida pública hace diez años si eligió esa discreción? (¿pero la eligió?)

¿Cómo se puede morir de repente?

Las respuestas nunca explicarán lo que nos falta.
Toda muerte es la respuesta de una falta.
Nuestro cuerpo se cansa de lo que nos falta y cede al abandono.
Toda muerte debería ser un lamento - o un alivio - pero nunca un olvido, una indiferencia.
Valga este pequeño texto para echar en falta lo que nunca debería faltar.

25 de mayo de 2019

La igualdad que desiguala

Acabo de leer el artículo del diario El País titulado: "Lenguaje inclusivo en aulas y leyes, más mujeres al poder y otras pautas del Consejo de Europa". En dicho artículo no se habla de ningún modo del "lenguaje inclusivo en aulas", sino más bien leemos que Estrasburgo "recomienda revisar el material educativo para "evitar el lenguaje y las ilustraciones sexistas" y los estereotipos de género y para que promuevan la igualdad". El párrafo sigue desarrollando este mismo sentido.

Por desgracia, también es un caso (más) sobre la cuestión de género, que por entenderse y aplicarse de un modo tendencioso ha llevado a este tipo de confusiones hasta tal grado que a muchas personas (mujeres y varones) les lleva al rechazo.

El caso más grave es justamente el del mal llamado lenguaje inclusivo. El lenguaje sigue siendo sexista aunque se cambie una o por una e. Hay que cambiar el sentido, no basta con la gramática. De este modo no se entiende que tengamos adjetivos como 'triste' o 'alegre' y sustantivos como 'agente' o incluso 'hombre'.

Y, por favor, piensen de un modo consecuente. Yo no soy una eminencia en este tema, pero he escrito un artículo sobre el sexismo femenino en la publicidad argentina y hará unos quince años estudié los estereotipos de género en los manuales de español para extranjeros (un aspecto que precisamente sí se menciona en este artículo). No caigamos en la retórica al uso sólo porque es afín a lo que pensamos.

15 de mayo de 2019

La difusión de la literatura

A propósito de lo que una autora de libros (Pilar Rahola) dijo de otra (Cristina Fernández de Kirchner) en la Feria del Libro de Buenos Aires, me lamento de que en estas controversias políticas siempre, sin excepción, sin remedio, siempre pierde la literatura.

Como catalán me encanta la literatura escrita en catalán.
Porque me encanta la literatura.
Así de simple.
Y sin embargo lo más simple es, con frecuencia, lo más difícil de entender. ¿Por qué?

No voy a ser tan ingenuo de olvidar la política de la literatura, es decir que "la literatura hace política en tanto literatura", tal como lo dijo Jacques Rancière. Pero hay que mantener que la literatura sea sobre todo literatura.

Alguna vez he traducido al castellano algún poema en catalán. Sólo por gusto, por las ganas no sólo de llevar ese poema de una lengua a otra (como etimológicamente significa 'traducir') sino además para llevarlo a otros lugares, en lugar de que las fronteras políticas sean también fronteras lingüísticas.

En Argentina es rarísimo leer la traducción de un libro originalmente en catalán. O en euskera. O en gallego. Y ni hablemos del asturiano o el aragonés, que apenas se conocen como lengua. Parece que ese gesto conllevara reivindicar la independencia de la región donde se habla dicha lengua y no tiene por qué ser así necesariamente.

En la reconocida (y con merecimiento) novela titulada Patria, Fernando Aramburu pone en boca de uno de sus personajes este pensamiento: "Como te salgas de la línea te conviertes en un apestado, incluso en un enemigo. El que escribe en castellano aún tiene salidas. Le publican en Madrid y Barcelona, y a lo mejor, con suerte y talento, sale adelante. No así los que escribimos en euskera. Te cierran las puertas, no te invitan a nada, no existes." Ojalá sólo fuera ficción.

A todo esto, como es evidente, escribo en castellano.
A todo esto, como es obvio, la Feria del Libro debería tratar sobre todo de libros.