15 de junio de 2013

La creación

"Cada vez que se disponía a pintar algo había un momento de revelación y otro de desaliento, como cuando le surgía inesperadamente en la imaginación el primer verso de un poema. Cómo dar el siguiente paso, en el espacio en blanco y sin indicaciones de la página del carnet, de la hoja del cuaderno de dibujo o del lienzo. Quizás la textura indicaba algo, la resistencia o la suavidad del papel. Podía continuar y darse cuenta de que había malogrado el intento: el segundo verso, forzado, no era digno de la iluminación súbita del primero; sobre la hermosa anchura del papel ahora había una mancha inútil. La revelación parecía perderse sin que él hubiera sabido atraparla; el desaliento se quedaba con él, y para emprender el trabajo era preciso, si no vencerlo, al menos oponerle resistencia, dar los primeros pasos como si no sintiera uno su peso de plomo. Pero en todas las cosas que había emprendido le pasaba lo mismo: un entusiasmo fácil y luego un principio de fatiga, y por fin una desgana a la que no siempre había sabido sobreponerse. Al fin y al cabo era un pintor de domingo. Y si la pintura exigía tal esfuerzo de concentración mental y de destreza en el oficio, ¿por qué en vez de poner en ella todo su corazón y todo su talento disgregaba sus fuerzas ya escasas para empeñarse en la poesía, donde ni siquiera se le concedía a uno la absolución del trabajo manual, la certeza de un grado aceptable de dominio del oficio? En el fervor del trabajo se disipaba la desgana, pero al día siguiente había que empezar de nuevo y el entusiasmo de ayer no parecía que pudiera repetirse. El trabajo hecho no servía de nada: cada comienzo era un nuevo punto de partida, y el lienzo o la hoja de papel frente a los que se quedaba hechizado y abatido estaban más vacíos que nunca. Una primera línea prometedora, pero muy insegura, una horizontal que podía ser la de una mesa sobre la que reposaba el frutero o la de una distancia marítima imaginada al fondo de su ventana de Madrid. Una iluminación inminente que se deshacía sin rastro en puro abatimiento. Y sin embargo, no sabía cómo, el cuadro empezaba a surgir, o el poema a escribirse, persistiendo por sí mismos, con un empeño en el que no intervenía del todo su voluntad debilitada por el escepticismo y por el simple paso del tiempo."

(Antonio Muñoz Molina: La noche de los tiempos)

4 de junio de 2013

El primer instante

El primer instante,
ese tiempo negativo del que Charles Wright habló
y entonces todo envejeció
y así todo se renueva,
ya sólo es:
La memoria que cita a Wright
y se hizo siempre río
la corriente profunda
la corriente alterna
cita de memoria
trama el encuentro
vaga imperfecta
sin saber
por dónde vino
adónde fue
acércame
abrázame
ayúdame a decir
qué me trajo hasta aquí.

17 de mayo de 2013

Etcétera

La víspera del cumpleaños exige volver a nacer. Mañana tal vez recuerde o despierte. El qué, a qué son preguntas retóricas.
Cambio de tema.
Qué tranquila se va la tarde. La triste botella alegre llena de vacío contrae mi lengua. No pediré un deseo.
Cambio de tema.
Mi piel, mi ropa, trazan líneas discontinuas. Me hago un hueco entre el sueño y el olvido, y me acurruco.

6 de mayo de 2013

Jacqueline Risset

Dolor

¿De dónde viene el misterioso el loco
dolor de amor?
Me desperté esta mañana
rodeado del dolor de ti
- de ti: como una irritación
en la piel del mundo donde estás
y si me pregunto:
cómo detenerlo
lo sé:
hay que desactivar ese punto
en que deja de luchar como un diente
cuando los otros se cayeron
tejido del mundo en un punto transparente
todo sufrimiento aquí
toda mirada en ese punto
que el dolor ilumina
sueño el completo olvido
pared aburrida muro blanco
pero todo lo escrito está aquí dibujado
todo salpicado de signos
de ti - por mí -
hecho para verte en todo
y ahora me ahogo
me duele quisiera dormir




Douleur


D’où vient la mystérieuse la folle
douleur d’amour?
Je me réveille ce matin
tout entourée de la douleur de toi
- de toi: comme une irritation
dans la peau du monde où tu es
et si je me demande:
comment la faire cesser
je sais:
il faut que s’éteigne ce point
qu’il cesse de battre comme une dent
quand le reste se tait
Tissu du monde en un point transparent
tout souffre ici
tout regarde ce point
que la douleur éclaire
je rêve l’oubli complet
paroi sourde mur blanc
mais tout est écrit par ici dessiné
tout parsemé de signes
de toi – par moi -
faits pour te voir partout
et maintenant j’étouffe
j’ai mal je voudrais dormir



30 de abril de 2013

Hay más luz

El alba de la mañana.
El alba que nos sigue.
El alma mater.
Hay más luz más luz
en esta mañana.
Tocas el vientre,
filtras la arena,
atas las venas,
vuelves sobre ti,
aquí nosotros,
y más luz
y más luz
y más luz.

13 de abril de 2013

The Cure

La dificultad de expresar una sensación es casi tan inasible como la dificultad de entenderla. Casi. Casi tanto. Pues lo que no alcanzan las expresiones sí puede hacerlo el aura del tema que tratan, la sensación de referirse a una sensación.

¿Cómo podría expresarse, entonces, la sensación de escuchar en vivo la música que tantas veces escuchamos durante años, décadas, durante un tiempo imposible de medir con el tiempo de la vida?

Basta con el preludio, con el tenue campanilleo de Plainsong. Pero llegan las primeras notas y es hundirse en uno mismo desde uno mismo. Y destruirse en el choque. Y de repente todo es nuevo y es todo conocido, y no hay más temor que el temblor. Es tan frío que sólo admite el calor. Y sólo admite un después de la memoria. Sigue Pictures of you, perdido en el frío, recordarte llorando por la muerte de tu corazón, buscando las palabras adecuadas para que las imágenes sean de ti. Pero sigue la oscuridad, y aquí llega Lullaby, buscando a la víctima que tirita en la cama, cerrando tus ojos, mis ojos devorados, cayendo en el desorden de la calle. Y vino Fascination Street, cortó la conversación, vino después, desataron los recuerdos, rompieron las cuentas, y para Disintegration ya se habían deshecho las resistencias, y sólo quedaron restos de canciones murmuradas entre sueños que no alcanzarían en estas vueltas y volver y volver y volver de la nieve en el mar, de los mares y amar, del amor matinal, de las noches sin paz, de los viajes sin más,  cuando todos sabemos cuál era el fin, todos sabemos cuál es el fin, todos siempre lo sabemos, todos siempre en el fin.

9 de abril de 2013

Sobre la muerte

En los últimos días he recibido la noticia de varias muertes que me han obligado a pensar en ella. Como si nunca quisiera que la olvidáramos, para que nunca nos acostumbremos a ella, a veces, a menudo, la muerte de alguien nos sacude hasta estremecernos. Y hoy ha sido la de José Luis Sampedro, alguien que midió el alcance de las palabras y que se consideró siempre aprendiz de sí mismo, con todo lo que enseñó.

"He comprado todo lo que se ve desde la terraza, sí, es mío. Usted se ríe, pero imagine que soy archimillonario y he adquirido ese trozo de mar, ¿qué haría con él? Pues lo mismo que ahora, porque no tengo la obsesión de ser propietario, que es lo que hace que los ricos compren la vaca de Hirst. Lo contemplaría, pasearía y dejaría que la gente se moje, porque no me perjudica. Pero la gente quiere ser propietaria, porque quiere mandar, y quien posee una cosa quiere otra. Hace falta menos para vivir bien."

Tal vez crecer sea, en el fondo, darse cuenta de lo que realmente importa.

Y envejecer, saber cómo aplicarlo.

"La gente suele identificar el amor con el hecho de hacer el amor, y piensa que a mi edad no tiene sentido. Claro que lo tiene. La compenetración, el afecto, el saberse sin hablar. Para mí, eso es más que siete Nobel. El goce de la vida no es cuestión de cantidad, sino de sensibilidad, intensidad, compenetración."
Pero morirse es otra cosa. Morirse es perder las palabras y quedarse en silencio. La muerte sólo conduce al silencio. Fin, punto final, no hay vuelta atrás.

Pero hay que volver. Hay que volverse memoria y vivir con nuestra voluntad, de nuestro amor.

Por eso dedico estas palabras a la memoria de mi tía Milagros, que murió la semana pasada. 
Y se volvió memoria.